En un mundo donde la violencia está a la orden del día y donde la historia reciente está plagada de sangre y de muerte, un grupo de mujeres sigue luchando por la verdad y la justicia contra los demonios del olvido y la impunidad. Con todo el dolor de haber perdido a sus hijos y a sus nietos, las Abuelas sacaron fuerzas desde lo más profundo de sus almas y levantaron las banderas de la paz y del amor, de la vida. La UNESCO dio cuenta de ello y ayer en París le dio a la entidad que preside Estela de Carlotto el premio Fomento de la Paz.
"A través de sus gestiones individuales, ustedes han abierto el camino para una nueva Argentina. Como madre y como abuela, saludo su lucha y me inclino respetuosamente ante su valentía", declaró Iriba Bokova, directoria general de UNESCO. Acompañada por la presidenta Cristina Fernández, Carlotto destacó que la lucha que iniciaron las Abuelas creó mecanismos para que lo que pasó en Argentina no se repita nunca más. "La palabra abuela despierta ternura, la imagen de una anciana de cabello blanco, con rodete, lentes caídos abrazando a algún nieto al que le contará increíbles historias de su vida sentada en un cómodo sillón. Esa imagen es la antípoda de lo que somos. No estamos sentadas en el sillón, que está tan vacío como los brazos que tienen que abrazar al nieto", señaló la mujer que en 1977 perdió a su hija embarazada a manos de los militares y que a los 80 años todavía sueña con encontrarse con su nieto.
Todo ser humano, por más que sea poderoso, por más que sea quien sea, tiene miedos y angustias. También tiene sueños y deseos, metas por alcanzar. Lo primero suele ser más común de lo que se cree. En general, uno piensa que los miedos son de uno, mientras que los demás seguro que tienen todo claro y saben adónde van, cuando en realidad, a veces los demás están más confundidos que nosotros y aparentan estar bien pero por dentro quieren mandar todo al tacho. ¿Qué más puede querer un cardenal que convertirse en papa y llegar a lo más alto que un representante de la Iglesia Católica puede aspirar? En Habemus Papam, la elección del sumo pontífice genera un gran revuelo ya que el elegido entra en crisis, lo aborda un ataque de pánico y al momento de dar el discurso de asunción sale corriendo desesperado. Con un Michel Piccoli impecable en el papel del papa, la película dirigida por Nanni Moretti aborda el mundo clerical con un humor sutil, para nada ofensivo, ofreciendo una obra más que agradable, que hace reír y, por qué no, también reflexionar sobre lo ortodoxo qué es el mundo en algunos ámbitos.
No sólo la religión y las férreas estructuras de la Iglesia con cuestionadas en la película. También el humor juega por el lado del psicoanálisis. Interpretado por el mismo Moretti, un psicólogo es convocado para ayudar al papa elegido, pero chocará con la dificultad de no tener intimidad, ya que toda la orden de cardenales estará presente mientras habla con el asustado padre. Ante la imposibilidad de ser ayudado por el mejor psicoanalista de Italia, así es como lo presentan al personaje de Moretti, el papa arrepentido debe buscar ayuda fuera del Vaticano y así escapa a las calles de Roma, para tomar aire y tratar de encontrar una respuesta para lo que le pasa, ayudado por la ex mujer del psicoanalista interpretado por Moretti, colega de él, dueña de la teoría del descuido afectivo, que explicaría todos los males del ser humano. Aparecerán entonces las frustraciones, los viejos anhelos y los deseos genuinos de Melville, que nada tenían que ver con ser cura. Ante la tamaña responsabilidad de erigirse como nuevo Papa, se podría decir que el cardenal Melville podríamos no tiene el coraje suficiente como para asumir su nuevo cargo pero sí la humildad, y también el coraje, para reconocer su debilidad. ¿Cuántos hombres que ocupan altos cargos a menudo no están a la altura de las circunstancias y sin embargo siguen adelante ocasionando grandes perjuicios para la sociedad? Desde ese punto de vista, la película expone la pequeñez del ser humano ante una responsabilidad desmedida y no deseada, que tal vez desnuda lo irracional del poder y las instituciones sacralizadas, exponente de las carencias del ser humano como ser social, siempre ávido de tener una autoridad incuestionable a la cuál seguir.
Mientras Melville junta coraje para volver, en el Vaticano el Colegio Cardenalicio espera entre partidas de naipes y un torneo de voley organizado por el mismísimo psicoanalista, que quedó cautivo ya que nadie se debe enterar de lo ocurrido en el santuario. La imagen de un numeroso grupo de cardenales jugando torpemente al voley da cuenta de lo ocurrente del guión, que juega con un absurdo que en realidad es más sano que la realidad de un ámbito donde lo solemne impone su ley sin lugar para los matices.
Con un mensaje alternativo, donde otras posibilidades a las de siempre son posibles, la película hace pasar un rato más que agradable. Tal vez, la voz de Mercedes Sosa interpretando de manera impecable Todo cambia, sea la síntesis de la historia. El mundo cambia, siempre ha cambiado. Todos podemos cambiar. La cuestión es animarnos a ser lo que realmente somos y no quedarnos es una estructura inamovible.
El 11 de septiembre de 2001 me encontró en Lindenwood University, una universidad estadounidense ubicada en la pequeña ciudad de Saint Charles, en el estado de Missouri. Por una beca deportiva, un año antes me había incorporado a dicha institución, donde cursaba mi segundo año. Sin embargo, la vida en el campus, el programa de estudios y la idiosincrasia yanqui no iban demasiado conmigo. No tenía del todo claro lo que quería, pero cada vez eran más grandes las ganas de irme y volver a rehacer mi vida a Argentina. A dos semanas de empezadas las clases me había sorprendido una crisis existencial profunda que me tenía bastante ensimismado. Tristeza, nostalgia, angustia, incertidumbre, impotencia eran los sentimientos que me invadían. En ese estado me levanté el martes 11 de septiembre. Dormía en el cuarto con otro argentino y compartíamos el baño con la habitación de al lado, donde vivían dos yanquis. Con la somnolencia del que recién se despierta, fui al baño. La puerta que daba a la habitación de mis vecinos estaba abierta. Ahí estaban los dos, absortos, mirando la televisión. Estaban tan idos, que no se daban cuenta de que yo los miraba desde el baño. Evidentemente, algo grave había pasado. "¿Qué pasó?", les pregunté. "Un avión se estrelló contra una de las Torres Gemelas. No se sabe si fue un accidente o qué", me dijeron. Era el primero. Cerré la puerta e hice lo que todos se imaginan. Todavía no tenía conciencia de lo que ocurría, no me imaginaba lo que se venía. Un rato después me dirigí a la sala de internet, que estaba sin servicio. La red había colapsado. Ya se había estrellado el segundo avión. Ahora sí se hablaba de un atentado terrorista y el clima empezaba a enrarecerse.
Muchas inconsistencias sobre los hechos ocurridos
Fue extraño lo que pasó ese día. El país más poderoso del mundo sufría un ataque fulminante y no era capaz de evitarlo ni de defenderse. Diecinueve terroristas islámicos, dirigidos por un enfermo Osama Bin Laden desde las cuevas de Afganistán, secuestraron cuatro aviones de línea, estrellaron dos contra las Torres Gemelas, uno contra el Pentágono, avión que dejó un agujerito diminuto y se desvaneció sin dejar rastros, y otro que cayó en medio del campo en Pensilvania y del que tampoco quedaron restos. En realidad, en el Pentágono no se estrelló ningún avión. ¿Cómo se explica que un piloto inexperto pueda guiar un Boeing 757 a ras del suelo, sin chocarlo ni contra el piso ni contra ningún otro obstáculo y una vez que impacta en el edificio no quede en la zona ningún resto de fuselaje, ni de nada? ¿Por qué el FBI confiscó las camáras de seguridad del hotel Sheraton y la estación de servicio lindantes con el Pentágono y nunca permitió que se vean los videos? Sin en los videos se pudiera ver al avión impactando en el Pentágono, no caben dudas de que las autoridades lo hubieran mostrado abiertamente. La zona del impacto fue cubierta con polvo y grava minutos después del ataque. ¿Sería para tapar evidencias de lo ocurrido o para favorecer el esclarecimiento del hecho?
La versión oficial dice que 19 secuestradores tomaron control de cuatro aviones comerciales, evadiendo el Sistema Aéreo de Defensa (NORAD). Ninguno de los secuestradores figuraba en las listas de pasajeros y algunos de ellos aparecieron vivos luego de los atentados, como es el caso de Abdulaziz al Omari. Pilotos expertos aseguran que ellos no se creen capaces de impactar un avión en un edificio como lo hicieron el 11S. Mucho menos posible es que lo pudieran hacer pilotos inexpertos que nunca había manejado un avión de tamaña envergadura. ¿Cómo fue posible entonces tanta precisión? Es un misterio cuya respuesta sólo tienen las autoridades yanquis. Una posible explicación es que los aviones estuvieran controlados por algún sistema a distancia, algo factible si de tecnología hablamos.
Mohammed Atta fue señalado como el líder de los 19 terroristas. Según EE.UU., su pasaporte fue encontrado, intacto, en medio de los escombros. Esta afirmación, tan absurda como imposible de ser real, demuestra la impunidad de los que realmente saben lo que ocurrió ese día. Atta recibió 100 mil dólares por orden del jefe del Servicio de Inteligencia paquistaní, Mahmoud Ahmad, país aliado de EE.UU. En la mañana del 11 de septiembre, oficiales estadounidenses desayunaron con Ahmad en Washington. La Comisión Investigadora del 9/11 consideró la financiación del ataque como de poca importancia para el esclarecimiento del hecho. De los 19 supuestos secuestradores, varios de ellos recibieron entrenamiento en EE.UU. y tenían sus casas y sus coches financiados por el gobierno de ese país. No hay ninguna evidencia que haya conectado a ninguno de los secuestradores con Osama Bin Laden.
Los edificios se cayeron. Según el informe oficial, por "el efecto panqueque". Es decir, el fuego producido por los impactos derritió la estructura de los edificios e hizo que éstos se cayeran. Sin embargo, en las imágenes se puede ver que las torres se desploman como cuando un edificio es demolido controladamente, con detonaciones desde la base. Numerosos testigos y sobrevivientes dan testimonio de que se escucharon varias explosiones en los momentos previos y durante la caída de las torres.
¿Bush sabía? En el momento de los atentados, el presidente estaba en una escuela de Florida leyendo cuentos con chicos de la primaria. El evento era presenciado por la prensa. En medio del evento, Bush es informado de lo sucedido. Cuando luego le preguntan que sintió al enterarse de los ocurrido, el mandatario afirmó ver en vivo el impacto del primer avión por televisión, algo imposible dado que en ese momento no había imágenes de Nueva York. Entonces, ¿Bush sabía de antemano lo que iba a ocurrir?
A diez años de uno de los sucesos más importantes de la historia moderna, la verdad de lo ocurrido sigue siendo un misterio. Lo cierto es que la versión oficial tiene demasiados cabos sueltos y mentiras. Los atentados fueron utilizados por EE.UU. para justificar la invasión a Afganistán y a Irak, donde murieron más de 250.000 personas, además de 6.000 soldados estadounidenses, que dejaron sus vidas en nombre de una falsa libertad y justicia. Todas las guerras que emprende EE.UU. generan enormes negocios para los fabricantes de armas, las empresas constructoras, y las empresas petroleras, todas ellas vinculadas a una selecta elite que concentra una riqueza de miles de millones de dólares, elite a la cuál no le importa el sufrimiento ni la muerte de propios y extraños y a la que lo único que le interesa es incrementar su poder y su ya obscena riqueza. El cineasta Aaron Russo, fallecido en 2007, fue amigo de Nicolas Rockefeller, del multimillonario clan Rockefeller. Russo contó que Rockefeller le anticipó con lujo de detalles sobre los atentados y sobre las posteriores invasiones a Afganistán e Irak. En todo hecho, siempre hay más de una versión, siempre hay verdades y mentiras. En toda tragedia, siempre hay algún beneficiado. Esta no es la excepción.
Con un formato al que el teatro está poco habituado, Lluvia constante propone una historia muy intensa entre Rodo y Dani, dos amigos de toda la vida que trabajan juntos y a los que distintas circunstancias del trabajo y de la vida los irán transformando hasta ponerlos al límite de sus emociones, tanto que deberán tomar decisiones que no tendrán retorno. Dirigida por Javier Daulte y protagonizada por Joaquín Furriel y Rodrigo De la Serna, Lluvia constante es una obra que impacta por la fuerza de dos personajes que serán simpáticos y graciosos al principio, pero que luego generarán mucho respeto, miedo y angustia.
Furriel y De la Serna son los únicos dos actores de la obra. Los dos están en escena todo el tiempo. Entre los dos, le cuentan al público la historia de sus vidas. De hecho, en el comienzo, ambos saludan a la gente. Entonces, Dani (De la Serna) empieza a relatar el principio de lo que fue una serie de acontecimientos que desembocan en el final de la historia. Ese relato se entremezcla con escenas del pasados, diálogos, situaciones entre ellos, que son representadas como si estuvieran sucediendo en el mismo momento. Así, uno de ellos puede estar contando lo que había pasado una noche en la casa de Dani y de repente pasar a un diálogo en tiempo real de aquella noche para luego volver a la narración de los hechos. Esta estructura, que se mantiene durante toda la obra, le da a la misma una dinámica muy fluida, permitiendo que los personajes se manifiesten de maneras muy diferentes de un segundo a otro, lo que brinda la posibilidad de cambiar de ritmo y de clima en forma muy repentina.
Aunque amigos desde la infancia, el contraste entre ambos personajes es rotundo. Dani es impulsivo, controlador, omnipotente, está casado y tiene hijos. Rodo, en cambio, sigue soltero y está saliendo de la adicción al alcohol. Es más tranquilo y solitario. Como policías, Dani es de respetar poco los protocolos, mientras que Rodo es más medido. Conforme avanza la historia, aumentarán las diferencias entre ambos y cada uno dará una versión diferente de como fueron los acontecimientos. Tanto De la Serna como Furriel cumplen grandes actuaciones, el primero con más efusividad y el segundo desde un rol más sutil, no tan expresivo, ambos determinados por las características de los personajes. Entre los dos arman un tándem que funciona a la perfección en una obra donde la coordinación entre ellos dos es fundamental, donde el ritmo es muy intenso, donde las pausas escasean y donde los conflictos, las contradicciones y la transformación de los personajes llega a niveles insospechados, tanto como para emocionar al más pintado. Las risas abundan en el comienzo, la tensión aumenta en el nudo de la historia y es posible que alguna lágrima se escape sobre el final.
De origen estadounidense, la obra fue escrita por Keith Huff y representada con récord de taquilla en Broadway por Daniel Craig y Hugh Jackman. Muy interesante en su concepción, la obra se potencia con la muy buena dirección de Daulte y las destacadas actuaciones de los protagonistas. Se la puede ver de miércoles a domingo en el Paseo La Plaza, Corrientes 1660.
Nací en Lanús, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 17 de enero de 1981. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UBA y en Lindenwood University, Missouri, EE.UU. Recibí el diploma de periodista deportivo en Deportea en diciembre de 2004. Trabajé en Clarín entre abril de 2004 y septiembre de 2005, y soy productor de ESPN+ desde noviembre de 2005.