Hacía mucho que no lo veía. Aparece y desaparece sin una razón evidente. Lo cierto es que de tanto en tanto irrumpe en el coqueto ambiente del enorme complejo de salas de cine ubicado en Palermo, perteneciente a una de las firmas de origen estadounidense más importantes del país. En plenas vacaciones de invierno, con el lobby plagado de movimiento, el pequeño saltamontes apareció delante de mi caja con su enorme melena de pelo lacio y sus cachetes sucios y mofletudos para preguntar con su voz tímida, cuánto tenía que pagar para ver Cars 2. "La que está en 3D sale 34 pesos y la común, 24", le contesté. Con el dato preciso de cuánto tenía que juntar, se fue raudamente a pedir para llegar a la cifra necesitada. Entonces comenzó el show de las diferencias y los contrastes.
No es la primera vez que el gurrumín lo hace. No es la primera vez que pide y pide hasta juntar el dinero justo, exacto, para comprar la entrada y ver una película. Inquieto, por momentos invasivo, se acerca a la gente y en voz bajita, pide. No se anda con chiquitas. Muchas veces pide directamente que le compren una entrada. A veces tiene éxito y encuentra almas bondadosas que le regalan el boleto. Pero eso pasa muy de vez en cuando. En general tiene que pedir y pedir, con la contra de que tiene que juntar rápido el dinero antes de que la película empiece.
Como se podrán imaginar, la mayoría no le da nada. Algunos ni siquiera le contestan. Y entonces, el pequeño, que no llega a los 10 años, los toca con la mano y hasta les tironea la ropa para que le den bolilla. Una señora de unos 40 años, bien vestida, muy correcta, educada y amable, no puede disimular su desagrado ante el contacto con el niño. Aunque tal vez pensara otra cosa, su cara expresaba algo así como "qué asco este chico, feo y sucio, que me está molestando. Salí de acá", al tiempo que su cuerpo se contorsionaba para evitar todo tipo de contacto con el intruso.
Los minutos pasaban y Cars ya estaba por empezar. Él seguía pidiendo. Parecía haber encontrado a un cliente dispuesto a comprarle la entrada. En eso andaba cuando lo interpeló el guardia de seguridad, que hace poco está en el complejo y por lo tanto no lo conocía. Le preguntó si estaba con alguien y con eso solo le tiró abajo la entrada que estaba por conseguir, ya que dio a entender que no se podía quedar si estaba solo. Sin embargo, el pequeño insistió y ya con el dinero, me vino a comprar la entrada. Luego de consultar a las autoridades, me dieron el okey para que le vendiera la entrada. Fue un lapso de un minuto que lo tuvo en vilo. Con los ojos cargados de ilusión, esperaba el veredicto final. Con 11 billetes de 2 y dos monedas de un peso, me pagó los 24 mangos. Entrada en mano, se fue presuroso y feliz rumbo al primer piso a ver Cars 2, a sala llena. Apenas habían quedado dos entradas sin vender. Al fin de cuentas, este mundo capitalista no es tan terrible. A veces, tampoco van a ir tan seguido, hasta los niños pobres pueden ir a los cines de los ricos.
La vida es eso que nos perdemos mientras estamos trabajando para conseguir el vil papel, para gastarlo en cosas totalmente superfluas e innecesarias. ¿Para qué tanta parafernalia? ¿Para qué tanta tecnología? ¿Para qué nos sirve tanto artefacto si no somos conscientes de lo que realmente somos? ¿Para qué estamos acá? ¿Somos humanos o somos robots automatizados con forma de personas?. ¿De qué nos sirve todo eso si la desigualdad, la violencia, el odio y la injusticia siguen omnipresentes? ¿Les gusta el mundo en el que vivimos? ¿Consumir es el camino? ¿Y si probamos con hablar, abrazarnos, compartir, crear? ¿Pensar? ¿Por qué y para qué hacemos todo lo que hacemos? ¿Y si nos miramos a los ojos? Al final, lo que todos necesitamos es amor. ¿Será la ausencia de éste lo que genera tanta enajenación y sinsentido?
En el festejo del PRO por la victoria en la primera vuelta de las elecciones porteñas, el equipo de marketing de Mauricio Macri eligió para musicalizar el evento el tema Arde la ciudad, de La Mancha de Rolando, al tiempo que el jefe de gobierno sacudía su esqueleto sobre el escenario. El tema de la banda oriunda de Avellaneda fue creado en homenaje a la gente que buscaba a sus familiares desaparecidos durante el Mundial 78, bajo la más cruel dictadura militar de la historia de este país. Macri, que se benefició con la nacionalización de la deuda privada por parte de los militares, votó a favor de que el represor Luis Abelardo Patti, luego condenado a prisión perpetua, asumiera en el Congreso. Manuel Quieto, líder de La Mancha, tiene un tío desaparecido. ¿Qué pensará de los resultados de las elecciones en Capital? ¿Qué pensará de que el PRO festeje con su tema? ¿Estará contento? Mientras tanto, la ciudad arde de cara a la segunda vuelta. Si vuelve a ganar, ¿Macri seguirá festejando con este tema?
Norberto Galasso, historiador y ensayista, le escribió una carta abierta a Fito Páez, que el martes había escrito la contratapa de Página 12 (ver), en la que amplía la mirada sobre el voto porteño que vuelca su apoyo para Mauricio Macri. Con mucha más ductilidad que el cantante, Galasso da su parecer sobre los por qué de esa tendencia y cuál es el panorama de cara al futuro.
Estimado Fito:
Comprendo tu reacción, tu bronca, tu explosión en caliente, propia de un artista. Pero así como la comprendo no la comparto. No me da ese asco ese 47% de votos macristas. Me da pena.
En todas las grandes ciudades de América Latina y de cualquier otro país dependiente, las minorías privilegiadas utilizan todo su poder para dominar a los sectores medios, para ponerlos de su lado, para infundirle falsedades. Jauretche lo llamaba la “colonización pedagógica”. Igual que a vos le provocaba grandes broncas, pero distinguió entre los promotores de la mentira y los engañados. Quizás los primeros le dieron asco igual que a vos, los otros le daban pena y trataba de desazonzarlos.
El fenómeno es semejante en Buenos Aires, como en Lima o Guayaquil y otras grandes ciudades. Hay que disputar la influencia sobre los sectores medios y destruir los mitos con los que quieren dominarlos.
Desde los letreros de las calles y los nombres de los negocios (bastar darse una vuelta por la Av. Santa Fe), desde los cartelitos de las plazas y las estatuas de los supuestos próceres, desde las grandes editoriales y los “libros de moda”, convertidos en best sellers por los comentarios pagos, desde la prédica liberal en economía y la prédica mitrista en Historia, desde las geografías exóticas y los literatos que cultivan la evasión y lo fantástico, desde la TV farandulizada y superficial, con mesas redondas de bajísimo nivel político alentada por los dueños del privilegio, desde gran parte de los periodistas vendidos al mejor postor, y académicos y catedráticos tramposos, todo ese mundo domina el cerebro de amplios sectores medios que se suponen cultos, se suponen radicalmente superiores a los “oscuramente pigmentados”, se suponen ejemplo de moral (aunque evaden impuestos, se roban ceniceros de los bares y toallas de los hoteles). Sobre ellos recae también la literatura que Franz Fannon llamaba de “los maestros desorientadores”. Vos los conocés, los Marcos Aguinis, los Asís, los Kovaddloff, y las peroratas con latines de aquel viejo comando civil que se llama Mariano Grondona y tantos otros.
Pobre gente, Fito. Con todo eso que le tiran encima a la clase media, una buena parte de ella termina votando a Macri. Están presos de un engaño enorme: creen que Macri gestiona (cosa que hace mal o simplemente no hace) y que Macri no tiene ideología (la tiene y bien de derecha). Por otra parte fue el responsable del contrabando de autos cuando dirigía empresas de su padre, además de las escuchas telefónicas, eliminación de becas y subsidios escolares, negociados con empresas constructoras (única explicación de las bicisendas), lo mismo que su molestia porque los hospitales de la ciudad atiendan a gente “morocha” del conurbano.
Se trata además, que cierta parte de la clase media vive su pequeña vida: asegurarse las vacaciones para el verano, lavar el auto los domingos con más ternura que la que le dedica a la esposa, han mejorado su nivel de vida con los Kirchner y no quieren olas, que nada cambie y creen que algo habrá hecho Macri para esa mejoría que tuvieron. No les importa que el hospital público no funcione porque tienen medicina prepaga y han sido formados en el individualismo No les importa que en el Borda se mueran de frío porque tienen estufas de tiro balanceado, no les importa que en las escuelas públicas falten materiales porque sus hijos van a escuelas privadas donde, como “el cliente siempre tiene razón”, aprueban. Además, creen en el dios Mercado – no obstante que el mercado libre del menemismo a muchos los dejó deteriorados o fundidos- pero no comprenden a los sindicalistas y les eriza la piel cuando lo ven a Moyano. Y bueno, son así, Fito. ¿Qué le vas a hacer? Lo que no justifica su asco sino en un momento de bronca.
En la vida es necesario a veces tener asco y tener odio también. Eso me lo enseñó el confesor de Eva Perón, el sacerdote Hernán Benítez. Me decía: Mire m’hijo. Hay que odiar. Hay que odiar a todos los que frustraron el país, lo entregaron, provocaron miseria y represión. Yo, todas las mañanas, me doy un baño, me tomo una taza de café caliente y después me siento en mi sillón y odio... Yo me asombraba y le decía: Pero, Padre, usted es un cristiano... Y el seguía: Sí, odio, (no asco, Fito). Odio a la oligarquía (ya lo dijo también ese talento que es Leonardo Favio en una canción), odio a Bernardo Neustadt, odio al almirante Rojas... Sabe después que bien me siento para el resto del día. Así hablaba un cristiano de la Teología de la Liberación.
Por eso no hay que confundir al enemigo, Fito. Si hay que tener asco, tengámoslos a los responsables del aparato mediático y cultural, los que tergiversaron la Historia y la economía, los que robaron la capacidad de razonar a muchos compatriotas, no a éstos. A estos hay que convencerlos. Con la modestia que usaba Jauretche: Usted tiene que avivarse (vea 6,7,8, escuche a Víctor Hugo). Se lo aconsejo yo -decía-, que no me creo un vivo, sino apenas “un gil avivado”.
ay que ganarlos, Fito. No ratificarles que pertenecen al bando del privilegio donde está la Sociedad Rural (¿cuando vieron una vaca esos que votaron a Macri?, ¿qué saben de la renta agraria diferencial?), y decirles como operan las grandes multinacionales y ciertas embajadas y las corporaciones mediáticas.
Los necesitamos, Fito. Comprendo tu bronca, la de un artista, Comprendéme a mí, desde la historia y la política.
Te mando un fuerte abrazo. Y te digo: en octubre, ganamos lejos.
Mauricio Macri se impuso en la primera vuelta de la elección a Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires con el 47,1 por ciento de los votos. De esta manera, le sacó una importante diferencia a Daniel Filmus (27,8) y quedó muy bien posicionado de cara al balotaje que se realizará el 31 de julio.
Luego de cuatro años de gobierno macrista, la mayoría del electorado porteño ratifica un rumbo en el que no se notan demasiadas acciones novedosas que hayan cambiado para bien la vida de la ciudad y sus habitantes. Posicionado claramente en las antípodas del gobierno nacional, Macri amagó con ser candidato a presidente, pero cuando vio que no tenía chances de ni siquiera llegar a la segunda vuelta, se bajó y volvió a la capital, territorio donde la población lo sigue con devoción, como muestran los resultados. La pregunta que ronda la política nacional es por qué una gran parte de los porteños vota a Macri.
Está claro que gran parte de ese caudal reside en el odio antikirchnerista. Gran parte de los porteños, sobre todo las clases medias y altas, es decir los que mejor están, aborrecen a Cristina y a su difunto esposo. Gran parte de ese odio motiva a votar a Macri, el niño bien, pulcro y ordenado que representa todo lo opuesto de la barbarie kirchnerista. La inflación, ese flagelo que es peor que estar enfermo de cáncer, es pura y exclusiva culpa de la "yegua". Así, una señora bien de Palermo va a comprar entradas para el cine y cuando se entera de que el boleto aumentó 2 pesos, larga el veneno anti K: "¡Grande Cristina! ¡No arregla nada, por qué no la partirá un rayo al medio!". El que aumenta el precio de la entrada es el cine, señora. Pero vaya uno a explicarle eso a los vecinos acomodados de los barrios altos de la capital, los mismos que al tiempo que se quejan, abarrotan los cines, los shoppings, los bares y los restaurantes.
Odio anti K al margen, estaría bueno saber qué es lo que los porteños le valoran a Macri, alguien con una historia con numerosas situaciones cuestionables. Para empezar, su fortuna personal, heredada del Grupo Macri, que comanda su padre, Franco. El holding de la familia siempre gozó de suculentos beneficios de parte del Estado. En 1982, el entonces ministro de economía de la dictadura, el señor Domingo Cavallo, decidió nacionalizar la deuda privada de varias empresas, entre ellas la de los Macri. Esto quiere decir que la deuda privada de las empresas del padre de Mauricio pasó a ser pública. Así, todos los argentinos nos hicimos cargo de pagar una deuda que no nos correspondía. Mientras tanto, los Macri siguieron amasando su fortuna a cuesta del esfuerzo del resto del país, que vio aumentar la deuda externa casi siete veces durante la dictadura militar. En este caso, estatizar sí está bueno, no como cuando ocurre a la inversa y se toman para el Estado los fondos de las buitres AFJP, medida a la que Macri se opuso. Luego, en 2002, de la mano de Eduardo Duhalde, el holding logró pesificar sus deudas.
Como empresario, Macri fue procesado en 2001 por contrabando agravado. A través de la empresa Sevel, los Macri se dedicaban a exportar autopartes a Uruguay y luego las reingresaban importando vehículos. De esta manera, los Macri recibían un reembolso por exportaciones y luego importaban los vehículos a un precio diferencial, por lo que doblemente recibían dinero del Estado y ampliaban ampliamente su patrimonio. Ocurría durante la década del 90, previo al 2001, cuando el país entró en bancarrota, algo que nunca les ocurrió a los Macri. Claro, ellos son grandes empresarios, honestos y trabajadores.
Dejemos al Macri empresario y pasemos al Macri político. Gran admirador y defensor de Carlos Menem y sus políticas, esas que vaciaron al país y nos sumieron en la peor crisis económica, social y cultural, el primer cargo de Macri fue como diputado nacional entre 2005 y 2007, período en el que brilló por su ausencia en el Congreso Nacional. "Es un lugar donde no se debaten ideas", decía Macri para justificar su ausencia. Para él, el único lugar de debate es TN de la mano de Marcelo Bonelli. Luego de perder en segunda vuelta contra Ibarra-Telerman en 2003, en 2007 Macri se impuso en el balotaje y comenzó su mandato hasta la actualidad. Repasemos las políticas llevadas adelante por su gobierno, esas que tanto entusiasman a los porteños.
Una de las banderas de Mauricio fue que no iba a aumentar los impuestos.Hizo todo lo contrario: en estos cuatro años los subió año tras año. Habló de hacer un estuario para terminar con las inundaciones. Nada de eso: Tanto en 2009 como en 2010 se produjeron dos inundaciones importantes que causaron millones de pesos de pérdida. En el debate 2007, le preguntó a Telerman y a Filmus si era producto de la idiotez que en Argentina no se pudieran construir 14 kilómetros de subte por año. Él terminó una estación (Corrientes, línea H), es decir 450 metros. Así que, Mauricio, díganos, luego de cuatro años de gestión, usted qué conclusión saca: ¿somos idiotas o no?
En el rubro Educación, Macri tuvo varios cimbronazos. El ministro Mariano Narodowski debió dejar su cargo ya que quedó implicado en la causa por escuchas ilegales. En su lugar, Macri designó a Abel Posse, ex embajador durante la dictadura y durante el menemismo. De neto pensamiento fascista, Posse duró apenas 12 días en el cargo ya que fue duramente cuestionado por los docentes, los organismos de Derechos Humanos y todo el arco político opositor por su defensa de la dictadura y oposición a los juicios contra los represores, además de su visión cerrada de la cultura, que entre otras cosas condena al rock como una práctica fascista.
Luego de Posse, llegó Esteban Bullrich. Este último no fue parte de ninguna maniobra ilegal ni expresó ideas pro dictadura. Sin embargo, la promesa de más y mejor educación pública nunca llegó. Los colegios porteños se caen a pedazos, algunos no tienen ni gas, mientras Macri subejecuta el presupuesto educativo y subvenciona la educación privada. Uno de los momentos más álgidos para Macri siempre fue el momento de la discusión salarial con los docentes. A Mauricio nunca le gustó aumentarles el sueldo a maestros y profesores, los encargados de educar a niños y adolescentes. En igual situación de abandono están los hospitales y la cultura, más allá del lavado de cara del teatro Colón, donde muchos artistas perdieron su trabajo.
El discurso de Macri, elucubrado por el publicista ecuatoriano Durán Barba, destila bondad y buenas costumbres, democracia, inclusión y cercanía con el ciudadano. Eso vende. La realidad es que durante la gestión de Mauricio hubo dos hechos muy graves vinculado a violaciones constitucionales. El primero fue la creación de la UCEP, Unidad de Control del Espacio Público, una fuerza que surgió por un decreto del jefe de gobierno y cuya única finalidad era perseguir y amedrentar a personas en situación de calle o viviendo en inmuebles tomados. Sin orden judicial y a altas horas de la madrugada, mismo horario que usaban los grupos de tarea o patotas de la dictadura genocida, salían a desalojar violentamente a la gente, niños y embarazadas incluidas, tirando sus pertenencias en camiones de basura.
Otro caso emblemático de la ideología macrista fue el de las escuchas ilegales. Primero, Mauricio designó como jefe de la policía Metropolitano a Jorge Fino Palacios, un policía implicado y luego procesado por encubrir el atentado a la AMIA, el peor atentado terrorista en la historia del país. A pesar del amplio rechazo que despertó en diversos sectores de la sociedad, Macri sostuvo a Palacios con la ayuda de los medios dominante, que taparon el tema. Luego surgió el tema de las pinchaduras telefónicas. A través de una asociación ilícita que utilizaba y desviaba fondos del estado y que en parte funcionaba desde el Ministerio de Educación, donde el espía Ciro James, ex agente de inteligencia de la SIDE, fue contratado sin desarrollar función alguna. Entre todos montaron una operatoria y pincharon el teléfono de Sergio Burstein, familiar de víctimas de la AMIA, y Daniel Leonardo, cuñado de Macri. Por esta causa, el jefe de gobierno está procesado como integrante de una asociación ilícita que se dedicaba a escuchas ilegales, todo con fondos e infraestructura del estado.
Además, Macri vetó 77 leyes, sí setente y siete, votadas por la Legislatura, la mayoría de ellas sobre políticas sociales y hasta votadas por su propio partido. Y votó a favor de la asunción el Congreso de Luis Abelardo Patti, recientemente condenado por delitos de lesa humanidad.
Esta es, a grandes rasgos, la gestión de Macri desde 2007 hasta hoy. También hay que decir que hizo bicisendas y convirtió a la Avenida Santa Fe en doblemano. El tránsito no ha mejorado mucho que digamos. Para ir de Coronel Díaz a 9 de Julio un día de semana a la mañana o a la tarde, se tarda, mínimo, con suerte, 25 minutos. A partir de todo esto es que uno, y tanta gente más, se pregunta cómo es posible que Macri haya sacado el 47,1 por ciento de los votos, que en realidad, vale decirlo, equivale al 35 por ciento del padrón, ya que votó el 75 por ciento del mismo. Precisiones numéricas al margen, la cifra es muy alta. Los que lo votaron avalan todo lo expuesto en esta nota. Si no lo avalan, no lo consideran relevante. La otra opción es que lo ignoren olímpicamente, es decir, que voten a alguien sin tener la más mínima idea de quién es, qué intenciones tiene y qué cosas ha hecho como político y como empresario. Por eso, sinceramente, con espíritu constructivo, para saber más y entender el país en el que vivo, invito a los votantes de Macri a que nos digan cuáles son los argumentos, las ideas, las medidas, las razones por las que lo han votado. Están todos invitados, espero sus aportes, para así enriquecer la sabiduría de todos.
Nací en Lanús, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 17 de enero de 1981. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UBA y en Lindenwood University, Missouri, EE.UU. Recibí el diploma de periodista deportivo en Deportea en diciembre de 2004. Trabajé en Clarín entre abril de 2004 y septiembre de 2005, y soy productor de ESPN+ desde noviembre de 2005.