domingo 22 de mayo de 2011

Los indignados en España


Allá por julio del 2008, España no conocía lo peor de la crisis económica que todavía la acosa. La burbuja en la que la península ibérica había vivido durante un lustro empezaba a desvanecerse. Por aquel entonces, este humilde servidor decidía emprender un viaje hacia el viejo mundo para recorrer, conocer, experimentar y explorar. Partí entonces hacia la madre patria, sin un rumbo determinado y sin fecha de retorno establecida. Mis familiares españoles me advertían sobre lo difícil que estaba la situación y lo complicado que era conseguir trabajo. Como tenía cierto respaldo económico para solventar la aventura, la tormenta que se venía no me amilanó y emprendí el viaje.

Más allá del entusiasmo por viajar, visitar a mi familia (la de mis abuelos) e intentar utopías como jugar al fútbol en España, en algún momento busqué trabajo con la intención de ahorrar algo de plata para extender mi estadía y luego volver para Argentina con algunos euros. La verdad que la oferta laboral era muy reducida y lo que más había era trabajo de camarero por sueldos inferiores a los 1000 euros. La cuestión estaba difícil. La desocupación subía y la economía iba en picada.



Más allá del malestar y la preocupación creciente de gran parte de la población, no había mayores reacciones frente al derrumbe de un sistema fraudulento basado en la deuda sobre dineros ficticios. Tres años atrás se iniciaba una debacle que dura hasta hoy, debacle en la cuál los generadores de la crisis, bancos y financieras, fueron rescatados con fondos del estado, mientras que la gente, el pueblo, las personas, se quedaron en la calle, sin trabajo y sin vivienda. Más allá de la quietud de la mayoría de la sociedad, caminando por Madrid encontré un afiche pegado en la pared de una sucursal del banco Santander. En el papel se podía leer un mensaje que expresaba el descontento con el accionar de los principales gobiernos del mundo, proclives a salvar a los bancos y darle la espalda a la gente. Firmado por la página www.solidaridad.net, lo mejor del volante era el dibujo, donde tres hombres estaban sentados comiendo en una mesa. De un lado estaba el pueblo, flaco, con cara angustiada y el plato vacío. Del otro estaba el sistema bancario, gordo, con la boca llena y tres abundantes bandejas de comida. El tercer hombre, el gobierno, gentilmente le servía una copa (ver segunda foto).

Tres años después de aauello, miles de jóvenes salieron por toda España a expresar su rechazo al sistema que los llevó a esta situación de escasez, sin trabajo y sin esperanza, donde los peces grandes, los bancos, siguen facturando mientras las personas comunes y corrientes sufren ante la incertidumbre de no saber qué será de sus vidas. Luego de vivir varios años en una mentira, gran parte de la sociedad española se dio cuenta que el sistema así como está no funciona y que es hora de cambiarlo. Primero que nada, se dio cuenta que tiene voz y que puede ser escuchada. tal es así que vía internet se generó una cadena de mails para juntar firmas con el objetivo de que los políticos reduzcan sus ingresos. La consigna es "No a los sueldos desorbitados y prebendas de la clase política española". A la misma se puede adherir en el siguiente link: www.peticionpublica.es/?pi=P2011N5259.

Todo lo malo trae algo bueno, dicen. No sé si es así siempre, pero lo cierto es que muchas veces una situación negativa sirve para despertar, reaccionar y crecer. Esta crisis que ya lleva tres años ha generado una reacción en parte de la sociedad española. Y como dicen ellos, enhorabuena. Es tiempo de que los seres humanos se despierten y se pongan por encima de las corporaciones. No hay nada más importante que la vida y el bienestar de los seres humanos. Ninguna corporación ni grupo de elite debe beneficiarse en detrimento de otros seres humanos. Es hora de indignarse y hacer algo para cambiarlo. No se logrará de un día para el otro, claro. Lo bueno es que cada vez más gente es consciente de que este sistema dominado por los bancos no da para más y que hay que cambiarlo. Los indignados de España y otras partes de Europa dan fe de ello. Es hora de imitarlos y empezar a pensar en un mundo diferente, con lugar y recursos para todos y no sólo en manos de un grupo de poderosos que maneja todo a su antojo.



jueves 19 de mayo de 2011

El chiste Daniel Rudy & Paz en Página 12


Tan gracioso como realista y dramático. Es que en realidad, más allá de su culpabilidad o no en el caso de acoso sexual, el director del FMI Dominique Strauss-Kahn debería antes explicar por qué las intervenciones del organismo internacional suelen perjudicar a grandes porciones de la población mundial, al punto de generar índices escandalosos de desocupación y pobreza.





Cine - El gato desaparece


Luego de un ataque psicótico que derivó en una agresión muy violenta contra uno de su amigo y ayudante, Luis, un profesor universitario muy obsesivo, fue internado en una institución psiquiátrica. Aparentemente curado, luego de un período de ocho meses de recuperación, los médicos deciden darle el alta y mandarlo devuelta a su domicilio. Beatriz, su mujer, lo va a buscar a la clínica y juntos vuelven a la casa. Los médicos le informan a ella los estudios que se le realizaron a su marido, el estado en el que está y la medicación que debe tomar. Para Beatriz es un momento de felicidad porque recupera a su esposo, pero también la invaden los miedos ya que la situación vivida en el momento del ataque fue muy violenta. A partir de ahí comienza la nueva convivencia entre Beatriz y Luis, que tienen que volver a adaptarse el uno al otro. Lo mismo le pasa a Donatello, el gato, que no recibe de la mejor manera a Luis; lo hace mostrando las garras y los dientes y rechaza su saludo, con un arañazo incluido. Así comienza El gato desaparece, la película dirigida por Carlos Sorín y protagonizada por Luis Luque y Beatriz Spelzini, un muy buen film de suspenso de esos que el cine argentino no suele ofrecer.

Con muy buenas actuaciones de los dos protagonistas, a l quienes de ve muy conectados en todo momento, la película centra la historia en la vuelta de Luis a su casa y la duda sobre si está realmente recuperado o no. A pesar de haber sido liberado, los médicos condicionaron esta a libertad a la toma obligatoria de medicamentos. Su esposa parece calma pero poco a poco irá cayendo en la obsesión y el nerviosismo provocadas por el miedo y la desconfianza con respecto a la salud mental de su marido. Sutilmente, el director irá deslizando la posibilidad de que Luis en realidad no esté tan bien, aunque él parezca el más calmo de todos dentro de la historia. A pesar de que en algunos momentos la película pierde tensión por pasar por momentos poco trascendentes, varios pasajes hacen volar la imaginación del espectador, que empezará imaginar diferentes posibilidades para resolver esas tensiones y develar el doble misterio: qué pasó con el gato y si Luis es inofensivo o todavía puede reaccionar violentamente y cometer alguna locura irreparable. Lo que humildemente se le puede reprochar al director es que no haya conseguido darle más potencia a la historia, ya sea con algún giro inesperado o con más escenas de esas en las que parece que todo va a saltar por el aire aunque uno en el fondo intuya que no va a pasar nada. La escena en la que Beatriz busca al gato en la tubería de aire es muy buena, tal vez una de las mejores.

Con esta película, Sorín deja sus películas filmadas con gente sin experiencia actoral (Historias mínimas, El camino de San Diego) y se adentra en una película de género que no defrauda para nada. Sostenida en una buena narrativa, con tomas muy interesantes, y las ya mencionadas muy buenas actuaciones de los actores, El gato desaparece es una buena posibilidad para disfrutar de un buen ejemplar del cine argentino, con un final trágico, tal vez inesperado, bien resuelto y contado con ingenio.

sábado 7 de mayo de 2011

Teatro: Un tranvía llamado deseo


La obra de Tenesse Williams llegó a la calle Corrientes. Dirigido por Daniel Veronese y protagonizada por Diego Peretti, Erica Rivas , Paola Barrientos y Guillermo Arengo, la versión criolla 2011 de este clásico norteamericano deja un sabor dulce al espectador. Con momentos de máxima tensión sobre el escenario, el espectáculo transmite emociones fuertes, con grandes dosis de realismo.

Partiendo de la base que no es nada fácil llevar adelante una obra como ésta, el producto final es interesante, con muy buenas actuaciones de los cuatro actores principales. Entre Peretti, Rivas y Barrientos se encargan de crear escenas muy logradas, donde el público queda atrapado con lo que está sucediendo sobre el escenario. También es bueno el trabajo de Arango, en el papel de Mitch, el veterano, soltero e inocente amigo de Stanley, que vive con su madre enferma y que tiene un acercamiento amoroso con Blanche.

Siendo el personaje con más participación y que por lo tanto tiene menos posibilidades de descansar, Rivas hace un gran trabajo en el papel de Blanche Dubuois, que llega a la casa de su hermana Stella (Barrientos) para quedarse por tiempo indeterminado. Blanche es refinada, egocéntrica y manipuladora, siempre lista para victimizarse y sacar provecho de eso. El choque con su cuñado Stanley Kowalski (Peretti) es tan directo como inevitable. Él es bruto, calentón, un tanto intolerante y no soporta las mentiras que trae su cuñada. Tal vez le falte sutileza y le sobre intensidad para un personaje frágil, delicado. En ese aspecto, puede ser que su voz aguda no la ayude. Sin embargo, esto es sólo un detalle. Su trabajo es muy interesante, de principio a fin. Al cabo, la labor de Rivas es para destacar.

El conflicto principal de la obra sucede entre Blanche y Stanley. De él derivan peleas entre Stanley y Stella, ya que la presencia de Blanche perturba la armonía de una pareja que se ama candentemente a pesar de la casa humilde en la que viven, un dos ambientes que en lugar de puerta, entre el ambiente y el dormitorio tiene una cortina, algo que desagrada profundamente a Blanche. Ella viene de una lejana riqueza heredada de una familia de origen francés, que supo gozar de los privilegios de una clase terrateniente venida a menos, tanto que perdió la finca que tenían y ahora está en crisis, razón por la cuál va a buscar refugio a lo de su hermana.

La historia plantea el choque que suele haber entre la seducción y el rechazo, el deseo y la indiferencia, la histeria y la culpa, el egoísmo y la conveniencia. Tensiones y más tensiones surgen a lo largo de la obra, así como también los más bajos instintos que caracterizan al ser humano, como la violencia y el chantaje, el desprecio por los demás, la indiferencia. En ese contexto, también se puede ver la fragilidad espiritual y el desamparo en el que puede quedar una persona, más allá de los pecados o errores que haya cometido. Tal vez, a raíz de esa desolación del alma es que alguien puede caer en la bajeza de la mentira y la manipulación, en la tristeza del alcoholismo o en la barbarie de la violencia. Todas estas son cuestiones universales que seguirán vigentes por los siglos de los siglos, por eso la vigencia de la obra no tiene fecha de vencimiento, más allá de que pertenezca a la primera parte del siglo 20 (1947).

Cada versión de una obra es única, diferente a la original. Siempre hay alguna diferencia, por más que se la quiera reproducir fielmente. En este caso, la primera diferencia es el idioma, hecho no menor que ya modifica sobremanera esta versión comparada con la original. La versión de Veronese tiene fuerza y capacidad para llegar al espectador. La historia, plena de emociones fuertes, está dignamente representada por un elenco que trabaja muy bien.


Un tranvía llamado deseo (en el Teatro Apolo, Corrientes 1372)

Dirección: Daniel Veronese

Intérpretes: Diego Peretti, Erica Rivas, Paola Barrientos, Guillermo Arengo, Paula Ituriza, Gonzalo MartInez, Martín Policastro, Guillermo Aragonés, Beatriz Dellacasa y Guido Botto Fiora.

Escenografía: Jorge Ferrari. Luces: Eli Sirlin. Vestuario: Gabriela Pietranera. Sonido: German Brusellas.Producción técnica: Andrea Czarny .Producción ejecutiva: Verónica Elizalde. Asistentes de direccion: Romina Lugano y SebastiAn Mallo. Producción general: Daniel Grinbank. Duración: 100 minutos.