miércoles 7 de diciembre de 2011

Cine - Verdades Verdaderas. La vida de Estela


El amor y la vida derrotan al odio y la muerte

Si hay historias trágicas en la historia de este país, la de la última dictadura probablemente gane el primer premio. Por su crueldad inusitada y lo eterno de sus crímenes, las marcas de aquel infierno todavía se sienten en el cuerpo y en el alma. Verdades Verdaderas recrea de manera impecable buena parte de la vida de Estela Barnes de Carlotto desde la época de la dictadura hasta la actualidad. Con grandes actuaciones de Susú Pecoraro (Estela), Alejandro Awada (Guido, el marido) e Inés Efrón (Laura, la hija), la ópera prima de Nicolás Gil Lavedra logra conmover por su dramatismo sin necesidad de apelar a la violencia ni a la exageración.

La película comienza con un brindis de fin de año en tiempos actuales, con Estela ya grande. Desde ahí, la película se remonta al pasado, antes de que Laura, la hija de Estela, fuera secuestrada. En ese pasado se puede ver la militancia de la joven y los miedos de sus padres, que no estaban para nada de acuerdo con ella pero no podían hacerla cambiar de rumbo. Por el alto compromiso que tenía Laura, llega un momento en que decide dejar la casa de sus padres y pasar a la clandestinidad para comunicarse sólo esporádicamente por teléfono. Hasta que Laura deja de llamar y comienza el calvario de los Carlotto. El mayor mérito de la película es que transmite el dramatismo de la situación de forma simple, por ejemplo cuando una ex detenida va al negocio de los Carlotto y les cuenta que había estado presa con Laura. El diálogo debe ser interrumpido porque otra mujer entra al local y entonces todos deben fingir que no estaba pasando nada. Así era la vida en aquellos años: no se podía hablar de lo que estaba pasando, nadie se animaba a compartir la verdad con los demás.

A diferencia de la gran mayoría de los casos, a Estela le entregaron el cuerpo de su hija. Tal vez lo hayan hecho porque había ido a ver al general Reynaldo Bignone, quien sin piedad alguna le dio a entender que su hija no se salvaría. La secuencia en la que le dan el cadáver de su hija es un gran momento cinematográfico, con mucha tensión y una alta carga dramática. La cotidianeidad con que la familia sigue su vida luego de la muerte es otro gran acierto de la película. Con todo el dolor a cuestas, todos tratan de hacer de cuenta que el golpe no ha sido tan fuerte pero en realidad la angustia es ineludible. Es entonces cuando comienza la militancia para encontrar a Guido, el nieto de Estela nacido en cautiveiro. Así nace Abuelas de Plaza de Mayo, donde se pueden ver a otras madres y abuelas y donde también se refleja el caso de Abel Madariaga cuando llega a la entidad que preside Estela para contar que su esposa embarazada había sido secuestrada.

Con papeles menores, Laura Novoa y Fernán Mirás acompañan muy bien como los hijos de Estela en el presente, al igual que Rita Cortese como una de las madres fundadoras. Tristeza, angustia, bronca, lágrimas. Eso es lo que genera la película. Recrea de manera clara la pesadilla que vivió en carne propia una familia de clase media argentina. Al igual que los Carlotto, otros tantos pasaron por el mismo infierno, con huellas que duran hasta hoy. Pecoraro y Awada se lucen encarnando dos personajes atravesados por el dolor. Ella, con la fortaleza para salir adelante. Él, doblegado por la situación extrema de la detención y la tortura. El deterioro psíquico de Guido fue notorio tras volver del cautiverio y Awada lo interpreta muy bien. En el debe se puede señalar la caracterización física de la Estela actual. Claro, no era una tarea fácil, pero los cambios con respecto al pasado sólo residen en el peinado, sin mayores signos del paso del tiempo en la cara. Pero es sólo un detalle estético. Por lo demás, la película es una joya sobre la vida de uno de los personajes más importantes de la historia reciente y de la actualidad. La de una mujer que sufrió el asesinato de su hija y el robo de su nieto y ante eso respondió con amor y militancia en busca de verdad y de justicia, demostrando que ésa es la manera de derrotar a la violencia y al odio. Desalmados, frágiles de espíritu y defensores de la teoría de los dos demonios, abstenerse de verla. O tal vez sería bueno que la miren. En una de esas, se les aflojan un poco el corazón y el alma. Difícil a esta altura de la historia.