jueves 19 de mayo de 2011

Cine - El gato desaparece


Luego de un ataque psicótico que derivó en una agresión muy violenta contra uno de su amigo y ayudante, Luis, un profesor universitario muy obsesivo, fue internado en una institución psiquiátrica. Aparentemente curado, luego de un período de ocho meses de recuperación, los médicos deciden darle el alta y mandarlo devuelta a su domicilio. Beatriz, su mujer, lo va a buscar a la clínica y juntos vuelven a la casa. Los médicos le informan a ella los estudios que se le realizaron a su marido, el estado en el que está y la medicación que debe tomar. Para Beatriz es un momento de felicidad porque recupera a su esposo, pero también la invaden los miedos ya que la situación vivida en el momento del ataque fue muy violenta. A partir de ahí comienza la nueva convivencia entre Beatriz y Luis, que tienen que volver a adaptarse el uno al otro. Lo mismo le pasa a Donatello, el gato, que no recibe de la mejor manera a Luis; lo hace mostrando las garras y los dientes y rechaza su saludo, con un arañazo incluido. Así comienza El gato desaparece, la película dirigida por Carlos Sorín y protagonizada por Luis Luque y Beatriz Spelzini, un muy buen film de suspenso de esos que el cine argentino no suele ofrecer.

Con muy buenas actuaciones de los dos protagonistas, a l quienes de ve muy conectados en todo momento, la película centra la historia en la vuelta de Luis a su casa y la duda sobre si está realmente recuperado o no. A pesar de haber sido liberado, los médicos condicionaron esta a libertad a la toma obligatoria de medicamentos. Su esposa parece calma pero poco a poco irá cayendo en la obsesión y el nerviosismo provocadas por el miedo y la desconfianza con respecto a la salud mental de su marido. Sutilmente, el director irá deslizando la posibilidad de que Luis en realidad no esté tan bien, aunque él parezca el más calmo de todos dentro de la historia. A pesar de que en algunos momentos la película pierde tensión por pasar por momentos poco trascendentes, varios pasajes hacen volar la imaginación del espectador, que empezará imaginar diferentes posibilidades para resolver esas tensiones y develar el doble misterio: qué pasó con el gato y si Luis es inofensivo o todavía puede reaccionar violentamente y cometer alguna locura irreparable. Lo que humildemente se le puede reprochar al director es que no haya conseguido darle más potencia a la historia, ya sea con algún giro inesperado o con más escenas de esas en las que parece que todo va a saltar por el aire aunque uno en el fondo intuya que no va a pasar nada. La escena en la que Beatriz busca al gato en la tubería de aire es muy buena, tal vez una de las mejores.

Con esta película, Sorín deja sus películas filmadas con gente sin experiencia actoral (Historias mínimas, El camino de San Diego) y se adentra en una película de género que no defrauda para nada. Sostenida en una buena narrativa, con tomas muy interesantes, y las ya mencionadas muy buenas actuaciones de los actores, El gato desaparece es una buena posibilidad para disfrutar de un buen ejemplar del cine argentino, con un final trágico, tal vez inesperado, bien resuelto y contado con ingenio.