lunes 29 de noviembre de 2010

La vida en pareja, por Luis Chiozza

Buscando otros rumbos, de casualidad me encontré en Página 12 con un artículo publicado en 2005, donde el médico y psicoanalista Luis Chiozza habla de qué es una pareja, cómo funciona, cómo evoluciona, qué experiencias influyen en el individuo a la hora de conformarla y muchas de las dificultades que surgen a lo largo del camino que dos personas eligen recorrer juntos.

El artículo es muy interesante porque explica con bastante claridad los distintos matices que intervienen tanto en lo individual como en la dinámica de pareja y que pueden generar el final de la misma o una continuidad traumática. Al leerlo me sentí indentificado en más de un aspecto y también vi conceptos aplicables a gente conocida. Por eso me pareció que difundirlo puede ser útil para cualquiera que lo lea. El amor, aunque pueda sonar raro, puede desarrollarse mejor si se tienen más elementos intelectuales para practicarlo.


El trompo de dos espaldas

Por Luis Chiozza

La expresión “formar pareja” señala que a una pareja hay que formarla y, cuando se logra constituirla, cada uno de los dos que la forman transforma en ella su modo de vivir y de sentir la vida. El término “pareja” mantiene una inconveniente ambigüedad, porque alude a la condición de “par” y ocurre que, si en algún sentido una pareja es un par, se trata de un par complementario, que se constituye propiamente en razón de ser dispar. Frente a todo lo que un ser humano tiene en común con otro, esa diferencia podrá verse pequeña, pero sin asumirla plenamente no se puede formar bien una pareja. En cuanto a la cuestión, que en nuestros días despierta polémica, de si es posible constituir una pareja en una relación homosexual, sólo diré que una respuesta afirmativa lleva implícito que sus integrantes participan desde roles que, aunque se ejerzan en forma alternativa, sean complementarios.Hemos visto innumerables veces que la forma en que cada ser humano intenta formar una pareja proviene de la experiencia que ha vivido frente a la pareja de sus padres. Es una influencia inevitable, que hasta se manifiesta a veces en el intento compulsivo de hacer precisamente lo contrario de lo que se ha visto en ellos. Comprender esas primeras experiencias infantiles nos enseña, además, que la pareja no se forma como un vínculo de dos sino de tres, porque ese niño que cada uno fue frente a sus padres, contemplando desde afuera algo que en ese momento sólo ocurre entre otros dos, perdura dentro de nosotros cada vez que nos unimos en pareja. Así se configura en cada pareja, y de modo inconsciente, un vínculo bicorporal pero tripersonal, en el sentido de que dos están allí físicamente mientras que el tercero está siempre implícito en la estructura misma de esa relación. El tercero que amenaza a la pareja, aunque permanezca inconsciente, de algún modo está siempre presente, y mantiene encendida una situación de celos que contribuye al interés erótico.

El suelo erótico sobre el cual se apoya una pareja, el sex appeal sobre el que se construye la familiaridad de un vínculo de cariño, se configura con la misma situación continua de celos y excitación que determina su inestabilidad. Es cierto que la pareja pierde uno de sus fundamentos principales si no cree en su propia estabilidad, ya que en su constitución interviene la necesidad de confortar el ánimo al disminuir, o negar, el sentimiento de inseguridad que siempre nos acecha. Sin embargo, en la medida en que no se tiene un cierto grado de conciencia de esa inestabilidad inevitable, es difícil realizar una buena pareja. Del mismo modo que la estabilidad de un trompo que se mantiene erguido apoyado sobre una punta fina depende de la velocidad con la cual gira, la estabilidad de una pareja es un equilibrio dinámico que se mantiene gracias a una cierta plasticidad para el cambio. Sin esa plasticidad la pareja se arruina y, si perdura, carece de la vitalidad necesaria para ser saludable. Una pareja sana evoluciona y cambia, y se mantiene como tal porque se reconstruye cotidianamente; que es como decir que se “recontrata” de un modo permanente.

Ti voglio bene

Es difícil hablar del amor en la pareja sin producir equívocos, porque con la palabra “amor” se designan tantas cosas, y tan distintas, como para que sea mejor describirlas, en lugar de referirnos a ellas con ese nombre genérico. Hablamos de la amistad y del cariño que se construyen con los años y con los recuerdos compartidos. Hablamos de la familiaridad y de la confianza que genera la convivencia estrecha. Hablamos del compañerismo que surge cuando se tienen las mismas necesidades, intenciones y proyectos. Hablamos de los deseos de una unión genital, y también del deseo de estar cerca, o de ser consolado, acariciado y confortado. Hablamos de los dos grandes afrodisíacos que conducen al orgasmo: el ángel de la ternura y el demonio de las fantasías perversas. Hablamos de las impatía que nace en un instante dado en la ocasión de una mirada, un gesto, una actitud, y de la excitación que se experimenta frente a la desenvoltura de una conducta erótica. Hablamos de la aceptación de nuestra persona, tal cual es, implícita en la sonrisa con la cual nos estiman. ¡Y a toda esa diversidad la llamamos “amor”, con una misma palabra! Digamos, sin ánimo de definición, que el amor adquiere en muchos casos la apariencia de una figura esquiva, inalcanzable, y que en otros se nos presenta como una cierta forma de “iluminación”, momentánea y transitoria. Produce entonces una sensación de curiosidad, respeto y maravilla, que nos lleva a ubicarlo en el lugar de lo sublime.

Se suele afirmar que “el amor no dura”, significando con esto que el entusiasmo de un amor apasionado se agota en un vínculo perdurable por obra de un desgaste producido por la familiaridad, el abuso de confianza y el trato cotidiano. La aparente incompatibilidad entre la maravilla del amor, supuestamente dirigido hacia lo excepcional, y la pretendidamente opaca cotidianidad de un matrimonio desaparece cuando se conserva la capacidad de reencontrar lo nuevo en lo habitual. A la inversa, la imposibilidad de reencontrar la curiosidad y el placer en un vínculo que perdura conduce al anhelo de un amor embriagador cuya figura, antítesis precisa de la frustración que se vive, no debe ser confundida con el amor sublime.La palabra “querer” señala, en cambio, un deseo posesivo. Los italianos atemperan este significado utilizando la expresión ti voglio bene, es decir, “te quiero bien”, lo cual revela que hay una forma mala del querer. Lo cierto es que cuando queremos una rosa solemos ponerla en un florero, y que cuando la amamos la dejamos vivir en la planta de la cual forma parte. El que ama con cariño cuida y protege al objeto de su amor. Y puede hacerlo gracias a una experiencia de carencia –actual o pretérita– que le permite identificarse con los sentimientos análogos del prójimo. La imposibilidad de poner fin a las propias carencias suele ser uno de los más fuertes motivos del deseo de ayudar. Por un mecanismo análogo solemos hacer muy buenos regalos en las circunstancias en que, inconscientemente, deseamos recibirlos. No sólo hay en ese gesto de cariño una fantasía mágica de inducir en el otro una conducta análoga (que, por este medio, casi nunca se cumple): hay también capacidad de identificación con el deseo ajeno, ternura, amistad y sublimación.

Quien le teme

Un matrimonio no sólo se mantiene por vínculos de amor. Un vínculo en el que predomina el odio también puede ser una prestación de servicios: hay parejas que perduran porque cultivan un campo de guerra que les permite descargar el odio recíproco en una magnitud que, fuera de allí, nadie toleraría. Esta circunstancia engendra en tales matrimonios una tolerancia al odio que mantiene el vínculo. Podemos mencionar tres buenos ejemplos: la obra de teatro Quién le teme a Virginia Wolf, la novela de Simenon El gato, llevada al cine con Jean Gabin y Simone Signoret, y la película La guerra de los Roses.

El matrimonio es un sacramento que ocurre aun más allá de la doctrina religiosa que lo sustente y de la ceremonia que habitualmente lo celebra. Es un sacramento en tanto constituye una misteriosa transformación irreversible que modifica las almas más allá de un propósito o un compromiso formal. Los cónyuges pueden separarse y el matrimonio se puede arruinar, pero no se puede “deshacer” completamente, ya que sus efectos perduran.Es obvio que, como lo ha señalado Bernard Shaw, la palabra “monogamia” no designa la circunstancia de una sola mujer o un solo hombre en la vida: se trata de sólo una, o sólo uno por vez, en relaciones que se establecen con el ánimo de ser “para siempre”. No es lo mismo sacar de la valija sólo lo imprescindible para pasar la noche en una habitación de hotel, que establecerse, acomodando todo, en una casa nueva, sin perjuicio de que, la experiencia lo muestra, uno pueda mudarse. Que el ánimo de ser “para siempre” se concrete en una buena relación conyugal “para toda la vida” es difícil pero no es insólito. La dificultad no sólo proviene, como se ha señalado, del hecho de que la duración de la vida se ha prolongado en la última centuria, sino, sobre todo, de que en el desarrollo de sus vidas ambos cónyuges suelen evolucionar de maneras muy diferentes. La historia convivida puede funcionar como una argamasa, pero muchos matrimonios perduran gracias a que niegan la parálisis, la dependencia neurótica y el deterioro en que viven inmersos.

André Maurois señalaba, de manera un tanto cínica, que un matrimonio vive al nivel del más mediocre de los cónyuges. De la confluencia de las capacidades de ambos cónyuges dependerá en definitiva la vitalidad del vínculo. Un vínculo es vital cuando sus integrantes conservan la capacidad de enriquecerse mutuamente y de encontrar lo nuevo en lo habitual. Si es cierto que, como dice Ortega, el amor se apoya en el interés y en la curiosidad, la permanencia de esas mismas virtudes ha de ser esencial en el amor duradero. Esto no quita su verdad al hecho de que, en el fondo de las tendencias polígamas que operan en otras culturas (y que funcionan gracias a la posibilidad de ¡reencontrar lo habitual en lo nuevo!), operan el interés y la curiosidad.

Dado que los cambios son inevitables y continuos, la pareja permanece estable gracias a que cotidianamente se vuelve a suscribir, implícitamente, el contrato que la constituye. Importa destacar que, junto a lo que conscientemente se contrata, existen condiciones inconscientes esenciales que se dan por convenidas. Son precisamente esos convenios implícitos, que sólo se hacen manifiestos cuando no funcionan de acuerdo con lo que se había supuesto, los que llegan a poner en crisis la estabilidad del vínculo. ¿Debemos concluir que una pareja debería constituirse con alguna forma de contrato donde se contemple la mayoría de las vicisitudes posibles? Evidentemente no es posible, pero admitamos que una cosa es ignorar cuál será la posición que adoptará el consorte frente a un determinada circunstancia de la vida, y otra cosa, muy distinta, es saberlo y negarle su importancia, con la esperanza torpe de que, llegado el momento, se logrará torcer su voluntad.

Celada

La actividad genital gratificante minimiza la antipatía que surge de las diferencias de estilo y constituye un sólido fundamento para la unión de una pareja, pero es necesario comprender que las relaciones genitales “buenas” dependen de una buena elaboración de los celos. Especialmente importante será elaborarlos cuando una pareja se constituye con dos personas que ya han recorrido un trayecto importante de sus vidas y conservan vínculos entrañables con antiguos cónyuges, con hijos, con familiares o con amigos de antaño, ya que una pareja no puede unirse bien cuando alguno de sus integrantes debe omitir manifestar frente al otro una parte importante de sus afectos profundos.

Sostuvimos antes que los celos constituyen un ingrediente ubicuo que contribuye a la excitación erótica, pero esos mismos celos, cuando adquieren una determinada intensidad y cualidad, tienden a destruir el vínculo genital. Tal condición destructiva se alcanza cuando los celos dan lugar a un malentendido que configura, en el vínculo, un círculo vicioso de retroalimentación positiva que genera cada vez más de lo mismo. Por ejemplo, cuando un cónyuge se muestra desaprensivamente insensible frente a los celos del otro y hace poco para tratar de evitarlos, es porque sufre por sus propios celos, aunque en su conciencia lo niegue, y porque siente, en el fondo, que es la verdadera víctima. A veces a esto se agrega, iniciando el círculo vicioso, el intento de mantener sus propios celos negados mediante el recurso de hacerse celar, y otras veces se añade como condimento, generalmente inconsciente, el placer de la venganza. Se admite que la envidia suele ser muy daniña, y quien la sufre no suele despertar simpatía; de los celos, en cambio, suele pensarse que son un testimonio del amor, y suelen confundirse con el celo con el cual debe cuidarse todo aquello que se ama. Sin embargo, los celos y la envidia, como dos caras de una misma moneda, comparten una identidad de origen. Los celos parten del sentimiento de que somos incapaces de satisfacer las expectativas de la persona amada y, por tal motivo, se comprende muy bien que no sólo nos torture el temor a perderla, sino que, además, suframos sintiendo que esa persona amada y celada ya no nos satisface como, seguramente, satisfaría a quien, con méritos mejores, nos sustituyera. Y, frecuentemente, el hecho de que, en algunos sectores de la convivencia, podamos satisfacer necesidades importantes de la persona amada, no nos convence de que satisfagamos por ello la parte más importante de sus expectativas. La autoestima dañada reclama entonces un testimonio convincente de que somos casi todo lo que nuestro consorte necesita para disfrutar de la vida, y, cuanto menos confiamos en lograrlo, con mayor insistencia reclamamos. Suele establecerse de este modo, a partir de una extrema dependencia inconsciente, un círculo vicioso de reproches y reclamos que se retroalimenta hasta conducir, si otros factores no lo interrumpen, a la ruptura del vínculo.

Más sobre Luis Chiozza en www.chiozza.com

jueves 18 de noviembre de 2010

La piña de Graciela Camaño a Carlos Kunkel


La Comisión de Asuntos Constitucionales del honorable, así lo llaman, Congreso de la nación trató ayer el tema de los "supuestos" intentos de sobornos y "presiones" que las diputadas Cinthia Hotton y Elsa Alvarez habrían sufrido la semana pasada cuando se intentaba aprobar el Presupuesto 2011. Luego de varias exposiciones, tanto de las supuestas "víctimas", que no confirmaron ningún intento de soborno ni ofrecimiento concreto, de Elisa Carrió, fogoneadora del asunto, quien tampoco aportó nada nuevo más que cháchara, de una de las supuestas instigadoras, la diputada kirchnerista Patricia Fadel, que dijo que Hotton la llamó a ella y no al revés, versión que la misma Hotton había confirmado antes, y de otros diputados que hicieron sus descargos, la Comisión debía votar si avanzaba con la investigación por las "presiones" o si archivaba el caso. Por amplia mayoría, por lo menos 19 de los 35 diputados que integran la comisión tenían esa posición, ganó la moción de archivar el asunto, ya que no había ningún elemento concreto, ni siquiera un testimonio coherente que aportaran elementos para sostener lo planteado por Carrió. Fue entonces cuando Graciela Camaño, presidenta de la comisión, decidió posponer la votación por 24 horas, a lo que el diputado Carlos Kunkel replicó en voz alta leyendo el artículo que marca que la votación se debía hacer en ese momento. Camaño, que ya se disponía a retirarse, no toleró la intervención de Kunkel, recorrió un buen trecho y llegó hasta donde se encontraba el diputado. Intercambiaron algunas palabras y se pudo escuchar que Kunkel hizo referencia al episodio de quema de urnas que se produjo en Catamarca en 2003 cuando la Justicia le impedía a Luis Barrionuevo, esposo de Camaño, ser candidato a gobernador. Kunkel también dijo "yo nunca prometí no robar por dos años y luego seguí robando". Ante esas palabras, Camaño no pudo con su ira, le corrió el brazo y le acertó un golpe en el medio de la cara, se dio media vuelta y con gesto de "tomá", se alejó del lugar.

Tras protagonizar este escándalo, Camaño dijo que lo que había hecho no estaba bien pero que lo hizo porque Kunkel la tenía cansada con las referencias que le hacía sobre su marido, el gran sindicalista Barrionuevo, autor de la frase "para que este país funcione, hay que dejar de robar dos años". Fue el final, por lo menos por ahora, de todo el sainete alrededor de las supuestas presiones de parte del oficialismo hacia dos disputadas para aprobar el presupuesto. Coalición Cívica y Peronismo disidente perdieron la votación para investigar el tema ante los diputados del Frente para la Victoria, GEN (Margarita Stolbizer), Socialismo, Nuevo Encuentro y hasta la diputada del PRO Laura Alonso.

En el medio de todo este contexto, o mejor dicho, para culminar esta situación, llegó la piña de Camaño. A la barbarie del discurso vacío, sin fundamento, le siguió la barbarie de la violencia, muestra de impotencia de los que pierden y no lo toleran.





sábado 13 de noviembre de 2010

La anomalía kirchnerista, por Ricardo Forster

Pasadas más de dos semanas de su muerte, Néstor Kirchner todavía sigue generando comentarios, análisis, explicaciones. Y lo seguirá haciendo por mucho tiempo, por diferentes razones. Una, por todo lo que hizo, que fue mucho e inesperado. Otra, porque todo eso que hizo tiene efectos en la realidad que hoy vivimos y porque el espacio que él encabezaba sigue siendo la propuesta política más sólida, la única que hoy puede asegurar no volver al neoliberalismo nefasto que nos llevó a la catástrofe del 2001. En ese contexto, Ricardo Forster publicó un artículo más que interesante en Página 12, en el que analiza la sorpresiva llegada de Kirchner al poder, su capacidad para afirmarse y su coraje para cambiar un rumbo que parecía inamovible, recuperando la importancia del Estado y de la política, instituciones que habían quedado a merced de las corporaciones mercantilistas. Forster también explica el por qué del reconocimiento para Kirchner, de una sociedad que estaba desauciada y adormecida, y que desconfiaba de todo el mundo, pero que a partir de 2003 volvió a despertarse y volvió a creer, recuperando el interés, ése que habían asesinado entre los militares genocidas, los noventa neoliberales y corruptos, y el inepto de De la Rúa.

Forster habla de "anomalía kirchnerista". Una anomalía es algo que está fuera de regla o fuera de uso. Es toda una definición. Kirchner vino a cambiar las reglas, a cambiar el rumbo, a cambiar la historia, que parecían inmodificables. El 2003 fue un punto de inflexión para terminar con un modelo de exclusión y retraso económico, político, cultural y social. Kirchner produjo un cambio, dejó una base y ahora depende de los que estamos acá aprovechar ese legado y construir el futuro, un futuro próspero, el de un país en el que todos puedan vivir bien.

De todo esto y algunos temas más habla Forster en su nota, la cuál pueden leer en el siguiente link. --> La anomalía kirchnerista, por Ricardo Forster

martes 9 de noviembre de 2010

A los 85 años, murió Emilio Eduardo Massera; el pueblo argentino nunca lo olvidará


Emilio Eduardo Massera tuvo una prolífica carrera militar, que dejó marcas indelebles en la historia del país, en una sociedad que todavía sufre las consecuencias de su obra. Nacido el 19 de octubre de 1925 en Paraná, Entre Ríos, Massera ingresó a la Escuela Militar de la Armada en 1942 y tras egresar en 1946 estudió en la Escuela de las Américas y en el Intercamerican Defense College de Washington, donde se formó para llevar a delante la "guerra antisubversiva", es decir, el exterminio de miles de personas. Massera es un personaje fundamental en la (no) evolución de la Argentina.

Tras su sólida formación militar, se incorporó a las Fuerzas Armadas argentinas, donde se consolidó y escaló posiciones rápidamente. Ávido de poder y de protagonismo, no titubeaba a la hora de avanzar, fuera como fuere, para alcanzar sus objetivos. El Golpe Militar del 24 de marzo de 1976 lo encontró como almirante de la Armada, cargo al que lo había ascendido Juan Domingo perón, y lo ubicó en un lugar de privilegio para dirigir junto a Jorge Rafael Videla, el presidente de facto, a la más cruel y sangrienta dictadura de la historia argentina.

Massera tuvo a su cargo la dirección de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención y tortura del régimen militar. Por la ESMA, convertida en un espacio de la memoria desde el 24 de marzo de 2004, pasaron alrededor de cinco mil detenidos, la mayoría torturados y desaparecidos. Algunos pocos sobrevivieron para dar testimonio del horror.

Dentro del accionar de la dictadura, Massera tuvo mucha injerencia en la organización del Mundial 78, ya que el Ente Autárquico que lo organizó (EAM 78) estuvo a cargo del almirante Alberto Lacoste, también integrante de la Armada y hombre de confianza de Massera. Lacoste asumió la dirección del EAM 78 luego del confuso asesinato del general Omar Actis, del Ejército, muerto en circunstancias nunca aclaradas, en un atentado que se intentó atribuir a Montoneros pero que se sospecha fue perpetrado por gente de Massera. El EAM 78 dispuso de cifras millonarias para construir estadios (Mar del Plata, Córdoba, Mendoza) y refaccionar otros (River, Vélez, Rosario Central), sin nunca dar explicaciones por los fastuosos gastos. Mientras muchos partidos del Mundial se jugaban en el Monumental, a 500 metros la ESMA daba rienda suelta al genocidio.

En septiembre de 1978, Massera se alejó del gobierno militar. Tenía planes que trascendían a la dictadura. Quería formar un proyecto político y así fue como en 1983 se presentó como candidato a presidente por el Partido para la Democracia Social. Sin embargo, la democracia tenía otros planes para él.

En 1985 fue juzgado por los crímenes cometidos durante la dictadura y condenado a prisión perpetua, con pérdida del grado militar. Los vergonzosos indultos decretados por Carlos Menem en diciembre de 1990 le devolvieron la libertad. Sin embargo, en 1998 volvió a ser detenido por los delitos de robos de bebés, hechos por los que todavía no había sido juzgado. En 2002 tuvo una aneurisma cerebrovascular y las secuelas de la misma hicieron que en 2005 Massera fuera declarado incapaz de afrontar un juicio penal por demencia, por lo que las causas en su contra quedaron suspendidas.

Integrante con gran preponderancia de la Junta Militar que asumió el poder en 1976, Massera fue responsable de un régimen que secuestró, torturó y desapareció personas, fraguó la identidad de bebés y que además multiplicó la deuda externa del país, quebró el sistema productivo y sembró el miedo, el desinterés y la no participación de la sociedad en las cuestiones públicas del país, todos hechos con graves consecuencias que todavía hoy padecemos.

Desde abril de este año, Massera permanecía internado en el Hospital Naval. Ayer, poco después de las 16, el ex almirante falleció por un paro cardiorrespiratorio no traumático, sin que la Justicia argentina lo condenara por los numerosos crímenes que había cometido. Como Hitler, Mussolini o Franco, Massera es parte de la historia, una historia nefasta, y nunca será olvidado. Recordarlo es fundamental para entender el presente y que Nunca más vuelva a ocurrir lo mismo.
Repercusiones

miércoles 3 de noviembre de 2010

La muerte no es un límite

"Ama la realidad que construyes y ni la muerte detendrá tu vuelo".

Silo, Humanizar la Tierra


Los seres humanos somos finitos, la muerte es inevitable. Nuestro cuerpo algún día será un ente inerte, inanimado. Sin embargo, lo que nosotros construyamos a lo largo de nuestras vidas quedará en el mundo y en las personas con las que hayamos estado y también nuestra obra podrá influir en gente a la que no hayamos conocido, posterior a nuestro tiempo. Cuando alguien muere, desaparece su presencia física en el mundo, pero su obra y su legado permanecen en las almas y en los pensamientos de los que se quedan. Esto sucede tanto para los que obran bien como para los que obran mal. Los que han agredido al prójimo, causado dolor, muerte y desesperanza también suelen ser recordados, claro que de manera muy diferente a la de aquellos que propiciaron amor, construcción, inclusión, contención, verdad, justicia. La muerte es el destino final del ser humano en la Tierra. Lo fue para la Madre Teresa y también para Hitler. Antes está la vida y es según lo que hagamos en su desarrollo que nuestros pares nos reconocerán o nos condenarán. Nadie es perfecto, todos tenemos aciertos y errores. Es un balance lo que determina el veredicto. En los últimos días, alguien murió, muchos miles hicieron un balance y salieron a la calle durante tres días seguidos a dar su veredicto. Otros, contrarios a estos miles, todavía no entienden nada de lo sucedido y algunos incluso expresaron su alegría, dando cuenta también de su calidad humana e intelectual. Lo cierto es que la muerte no es un límite. La vida de un hombre o de una mujer puede prolongarse, y hacerlo con una buena incidencia, aunque el corazón deje de latir. Todo depende de lo que haya hecho mientras vivía.

martes 2 de noviembre de 2010

Descubriendo a Néstor Kirchner

Todo hecho tiene un sentido y un efecto sobre la realidad. Sin embargo, cuando el suceso se produce inesperadamente, el efecto sorpresa produce a su vez un efecto multiplicador. Cualquier muerte genera sensaciones, pero no es lo mismo si llega con aviso que si golpea de sopetón. Cualquier demostración de reconocimiento y cariño popular conmueve, pero si ese reconocimiento y ese cariño brotan como lava de un volcán que parecía dormido, apagado, la conmoción es mucho más grande.

La muerte de Néstor Kirchner nos interpeló a todos. Nos hizo reaccionar inevitablemente, nos emocionó y nos obligó a poner blanco sobre negro, negro sobre blanco, a hacer un balance y sacar conclusiones sobre quién fue ese hombre que ya no está y qué incidencia había tenido su vida en las nuestras y en la Historia del país. Ese análisis, que dicho así suena como un acto frío y calculado, en realidad ya estaba hecho en la cabeza de los miles que fueron hasta Plaza de Mayo y a muchas otras plazas del país. Ya lo habían hecho muchas veces cada vez que escuchaban una inagotable serie de ignominias contra el ex presidente y su mujer. Ante el deceso de Kirchner, primó la emoción, la tristeza, tristeza profunda, rara, inesperada, inexplicable. Muchas personas se sintieron dolidas por la muerte de Kirchner. Sincera, genuina y profundamente dolidas. Entonces, en la conmoción de la angustia, con la garganta atascada, con lágrimas en los ojos, se preguntaban por qué estaban así. Difícil es encontrar una respuesta totalmente esclarecedora. Sin embargo, al ver, escuchar y leer las numerosas reacciones de los ciudadanos comunes pero también de personalidades notables, uno encuentra un montón de razones, de hechos propiciados por Kirchner, que explican sobradamente el por qué de tanto fervor, tanta emoción, tanto agradecimiento y tanto apoyo para Cristina.

La corporación mediática dominante, la oposición política, parte de la clase media, media alta y alta de la sociedad, sectores egoístas, sectarios, retrógrados y muy miedosos, se encargaron de demonizar a más no poder la figura de Kirchner. Autoritario, corrupto, intolerante, crispado, revanchista, desmedidamente ambicioso, irresponsable, fueron algunos de los adjetivos que se usaron para denostar la figura del santacruceño.

Tras el conflicto por la 125, defender a Kirchner era un delito de lesa humanidad. Y más allá de los errores del gobierno en ese asunto, a la larga, muy a la larga, esa disputa dejó en claro que las reacciones de dirigentes rurales, políticos de la oposición, de los medios concentrados y de las clases urbanas acomodadas fueron totalmente injustificadas, malintencionadas. Lo cierto es que elogiar al oficialismo era meterse en problemas, era defender al diablo, a pesar de que Kirchner era fana de Racing.

Pues bien, entre la mala prensa de los medios hegemónicos y el descontento de los sectores acomodados de la sociedad, Kirchner estaba en un lugar complicado, discutido. Su muerte no hizo más que poner sobre la superficie una realidad que estaba oculta y que se potenció con el trágico suceso, desnudando la consideración popular hacia él y la presidenta, y dejando en evidencia las exageradas y en general mentirosas críticas de los medios y la oposición. La única verdad es la realidad y la realidad salió con los tapones de punta a desmentir la tergiversación de los mentirosos. Resulta que el tipo al que acusaban de crispado, de avasallador y de intolerante, despertaba amor y agradecimiento en una enormidad de personas. Los operadores mediáticos y los adversarios políticos quedaron en evidencia de su propia trampa. El pez por la boca muere, decía mi abuela. Y entonces los peces se transforman en pescados.

Mi primera reacción ante la noticia fue una no reacción. Primero porque me agarró despertándome, antes de desayunar. Me costaba asumirlo, la tristeza no me invadía del todo, no caía. Era un lamento medido y lógico, después de todo no había muerto alguien tan importante para mí, no era un familiar directo ni nada parecido. Pero de a poco todo fue surgiendo. Al enterarme de la convocatoria para ir a la Plaza de Mayo en la noche del miércoles, no dudé ni un segundo. Aquí surge una de las cuestiones más trascendentes de todo lo que generó la muerte de Kirchner: su partida nos hizo pensar en todo lo que se consiguió desde el 2003 y que todo eso podía llegar a ponerse en riesgo ante su ausencia. Al kirchnerismo se le podrán hacer muchas críticas, la mayoría de ellas infundadas, inconsistentes, pero nadie puede negar que estamos mucho mejor que antes de Néstor y de Cristina, que este es el piso y que desde este lugar donde estamos no queremos retroceder. No queremos empeorar, queremos mejorar. A los méritos del kirchnerismo hay que sumarles los méritos de la oposición. Como dijo Perón alguna vez, no es que nosotros seamos tan buenos, es que los demás son un desastre. Nadie quiere perder todo lo conseguido desde el 2003 a la fecha y nadie representa una alternativa mejor al espacio que gobierna desde hace siete años. Esa fue una de las grandes razones de la movilización popular, genuina, espontánea, visceral.

Entonces llegaron las lágrimas, las declaraciones sentidas, la eterna fila para entrar al velatorio. El Ave María cantada por el barítono, las disculpas y el aliento de un dirigente rural de Mortero, el sentido saludo de los mozos de la Rosada y también la de los presidentes de Latinoamérica, que no vinieron a hacer protocolo, vinieron a despedir a un amigo y a darle apoyo a su compañera, con abrazos cálidos, abrazos que abrazan de verdad. Entonces, inevitablemente llegaron las lágrimas. El sentido, sincero y profundo dolor expresado por tantos, tan diversos ellos, provenientes de sectores tan diferentes como barrios pobres del conurbano, barrios de clase media de la capital y personajes públicos como actores, artistas, periodistas y hasta conductores de TV no podían hacer otra cosa que conmover hasta quemar la piel.

Son demasiadas las cosas que hizo Kirchner: limpió al FMI para que ya no nos rompa nunca más las pelotas; se le plantó a Bush en Mar del Plata y frenó al ALCA, él y Chávez lo hicieron, cortándole las alas a un proyecto nefasto para América Latina; derogó los decretos de la impunidad militar y les dio todo el apoyo a Madres y Abuelas; recuperó la economía y bajó la desocupación del 25 al 8 por ciento; fomentó la industria nacional y le dio la mayor rentabilidad de la historia al campo, ése que tanto se queja; recuperó las paritarias, para que los trabajadores puedan pelear por sus salarios dignamente; promulgó la asignación universal por hijo, para darle protección a la niñez; recuperó los fondos de las nefastas AFJP y así aumentó las jubilaciones, que todavía pueden ser mejores, pero que antes eran insignificantes o nulas directamente; sancionó la Ley de Medios, que llega para democratizar la comunicación y los medios audiovisuales; impulsó y presidió el UNASUR, entidad a través de la cuál medió con éxito en el conflicto entre Venezuela y Colombia, y puso un freno al intento de golpe de estado en Ecuador, dándole a América Latina un marco de consolidación regional inédito en la historia; nunca más desde el gobierno nacional se ordenó reprimir una manifestación, así se cortaran las rutas durante cuatro meses para extorsionar al país. Estas son algunas de las cositas que hizo Néstor (algunas de ellas ya en el gobierno de Cristina) y que el pueblo se las reconoció en masa, con amor y emoción entre el miércoles y el viernes, y lo seguirá haciendo hasta el fin de la historia. Por todo esto, Néstor nos devolvió la esperanza, las ganas de vivir, de luchar, de enfrentar a los poderosos y de creer en la política como herramienta de cambio. Además, en estos días escuchamos de boca de muchos que lo trataron que Kirchner era un tipo sencillo, jocoso, amable, para nada soberbio, totalmente alejado de lo que sugiere una investidura presidencial. El saco desabrochado y sin corbata era una muestra cabal de tal aspecto. No era un presidente. Era un tipo, un militante, un luchador que trabajaba de político, de presidente entre 2003 y 2007. Y todo lo hizo sin avisar, sin que nadie lo esperara.

Néstor se fue, pero no se murió. Néstor vive en el pueblo. Todavía lo estamos descubriendo.

El primer discurso de Cristina tras la muerte de Kirchner

En su primera declaración pública luego de la muerte de su esposo, la presidenta Cristina Fernández habló ayer por la tarde por cadena nacional, donde destacó que este es un momento de mucho dolor pero que de ninguna manera es su momento más difícil en su gestión de gobierno. Además agradeció las muestras de cariño y de amor de la gente, cariño y amor que "él se merecía", dijo la presidenta. Les agradeció en particular a todos los jóvenes que salieron a gritar por su marido y por último dijo que a partir del miércoles pasado se siente en la responsabilidad y el compromiso de hacer honor a la memoria y el gobierno de Néstor Kirchner, "que transformó y cambió el país".