Pasadas más de dos semanas de su muerte, Néstor Kirchner todavía sigue generando comentarios, análisis, explicaciones. Y lo seguirá haciendo por mucho tiempo, por diferentes razones. Una, por todo lo que hizo, que fue mucho e inesperado. Otra, porque todo eso que hizo tiene efectos en la realidad que hoy vivimos y porque el espacio que él encabezaba sigue siendo la propuesta política más sólida, la única que hoy puede asegurar no volver al neoliberalismo nefasto que nos llevó a la catástrofe del 2001. En ese contexto, Ricardo Forster publicó un artículo más que interesante en Página 12, en el que analiza la sorpresiva llegada de Kirchner al poder, su capacidad para afirmarse y su coraje para cambiar un rumbo que parecía inamovible, recuperando la importancia del Estado y de la política, instituciones que habían quedado a merced de las corporaciones mercantilistas. Forster también explica el por qué del reconocimiento para Kirchner, de una sociedad que estaba desauciada y adormecida, y que desconfiaba de todo el mundo, pero que a partir de 2003 volvió a despertarse y volvió a creer, recuperando el interés, ése que habían asesinado entre los militares genocidas, los noventa neoliberales y corruptos, y el inepto de De la Rúa.
Forster habla de "anomalía kirchnerista". Una anomalía es algo que está fuera de regla o fuera de uso. Es toda una definición. Kirchner vino a cambiar las reglas, a cambiar el rumbo, a cambiar la historia, que parecían inmodificables. El 2003 fue un punto de inflexión para terminar con un modelo de exclusión y retraso económico, político, cultural y social. Kirchner produjo un cambio, dejó una base y ahora depende de los que estamos acá aprovechar ese legado y construir el futuro, un futuro próspero, el de un país en el que todos puedan vivir bien.
De todo esto y algunos temas más habla Forster en su nota, la cuál pueden leer en el siguiente link. --> La anomalía kirchnerista, por Ricardo Forster
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