Tras ganar dos partidos espectaculares, llenos de tensión y de exigencia física y mental ante Roger Federer y Robin Soderling, Juan Martín Del Potro cayó en la final del Masters de Londres ante el robótico Nokolay Davydenko. El lugar común dirá que quedó al borde de la hazaña o en las puertas del cielo. Sin embargo, también se puede decir que a pesar de la derrota, Del Potro es un maestro.
Con tan sólo 21 años es el número 5 del ránking mundial, ya tiene en su haber 7 títulos ATP, uno de Grand Slam (US Open 2009, con victoria en la final ante Federer), una semifinal de Roland Garros (2009) y disputó dos torneos Masters. Ostenta un récord de 136 victorias y 69 derrotas. Este año ganó 52 partidos y perdió apenas 16. En Londres le tocó debutar con el local Andy Murray (número 4 del mundo) y perdió 3-6, 6-3, 2-6. Luego venció a Fernando Verdasco 6-4, 3-6, 7-6 y tuvo que definir el pase a semifinales ante el mejor de todos los tiempos. Tenía que ganar o ganar para pasar y lo hizo en un partido eléctrico, que pudo perder tranquilamente pero que ganó gracias al gran nivel que está atravesando, a la enorme cantidad de recursos técnicos de los que dispone, entre los que se destacan su saque y su derecha, y también su tenacidad para seguir luchando ante la adversidad. Fue 6-2, 6-7, 6-3, en lo que significó su segunda victoria sobre el número 1 del mundo (tiene un récord de 2-6).
En la semifinal, enfrentó a Soderling, la revelación del año. El sueco tuvo una temporada memorable (fue finalista en Roland Garros) y se transformó en uno de los jugadores más temidos del circuito. En otro partido agotador, en el que Del Potro estuvo varias veces en desventaja, con riesgo de perder, el tandilense se impuso por 6-7, 6-3, 7-6 y alcanzó la final, hecho de por sí más que meritorio.
Del Potro llegó al partido crucial fundido, sin resto y con menos de 16 horas de descanso. Enfrentó a un Davydenko impiadoso, demoledor, y nunca pudo desarrollar su juego. A sus golpes le faltaban potencia, al igual que a su saque. Las piernas no le respondieron como necesitaba y el ruso se llevó la corona tras ganar 6-3, 6-4.
Del Potro, entonces, se quedó con las ganas de gritar campeón otra vez. Su derrota quedó ahí, perdida en la mañana de un domingo lluvioso, en el que José Pepe Mujica ganó las elecciones en Uruguay, San Lorenzo goleó a Boca, el Barça se quedó con el derby español y Racing dejó a Banfield sin invicto. Ahí lo dejó el resultado, la derrota. Otra hubiera sido la historia si Del Potro hubiera ganado. Hubiera sido, tal vez, la noticia deportiva del día.
Sin embargo, más allá de la derrota, Del Potro igual es un maestro. Por lo que juega, lo que demuestra en cada partido y los logros conseguidos hasta el momento, Juan Martín está en la galería de los distintos. Como lo están David Nalbandian, Gastón Gaudio, Guillermo Coria, Guillermo Cañas, todos con grandes hitos en el tenis de los últimos años, ése que nos acostumbró a ver finales con protagonistas argentinos. Son todos maestros, grandes en lo que hacen o hicieron. Otros, en cambio, como Guillermo Vilas o Federer, por citar dos ejemplos, son de otro planeta. Pero ser maestro, no es poco. Para nada poco.
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