viernes 10 de julio de 2009

Más allá de la esquina de mi barrio

Lunes de lluvia, gris, húmedo, pesado. Volvía para mi casa un poco apurado ya que tenía que llegar y volver a salir para otro lado. Caminaba la última cuadra antes de cruzar la calle cuando me crucé con dos jóvenes de poco más de 20 años, ambos bien vestidos, con traje y corbata, impecables. Con un acento extraño, uno de ellos me dijo: "Señor, ¿le puedo hacer una pregunta?".


Pensé que me iban a hacer una consulta simple, los vi más por el lado de extranjeros que buscaban alguna ayuda para ubicarse en la ciudad, así que accedí al requerimiento sin anticipar en lo más mínimo lo que se venía. "Si usted tuviera la gripe A y sólo hubiera una vacuna disponible en el mundo, ¿qué estaría dispuesto a hacer para conseguirla?", inquirió uno de ellos. Por un lado, la pregunta me descolocó, por otro, me causó gracia. "No sé", respondí incrédulo, a lo que mi interlocutor me insistió diciéndome que me imaginara que tuviese un familiar enfermo y que yo fuera el encargado de conseguir la vacuna. A todo esto, yo seguí caminando lentamente y los dos muchachos me escoltaron hasta la esquina, donde el tráfico nos detuvo.


Yo todavía no terminaba de entender lo que pretendían estos transeúntes hasta que el vocero de los dos me dijo: "El problema que tenemos todos es que estamos infectados espiritualmente, es que no escuchamos lo que Dios nos dice, no le hacemos caso". Ahora sí, ya detenidos en la esquina, me detuve en la chapita que tenían colgada del pecho, que decía "La Iglesia de Jesucristo", o algo parecido. La cuestión empezaba a quedar más clara.


"La única solución para que el mundo esté en paz es seguir las palabras de Dios y de su enviado, Jesucristo. Es la única manera para encontrar la salvación", proclamó el mismo que había comenzado la conversación. "La gente no es feliz, no se siente bien, porque no hace caso a lo que Dios nos ha dicho", agregó. "Somos todos pecadores", sentenció. Fue entonces cuando su compañero tomó la palabra. "Nosotros queremos invitarlo a que hable con Dios para que él le diga cuál es el camino correcto. ¿Usted estaría dispuesto a leer este libro (una suerte de evangelio con las palabras de Jesús recogidas por el profeta José Smith, durante el siglo XIX ,en suelo americano) y seguir el camino de la fe?", me propuso nuestro pastor número dos, rubio, de ojos celestes, en un español impecable pero con un leve canto extranjero.

"Sí, yo leería el libro, no hay ningún problema", le contesté. Acto seguido me invitaron a que los invitara, valga la redundancia, a pasar a mi casa, en el momento o en días posteriores, para tener una charla de "cinco" minutos sobre el legado que Jesús nos dejó y comprobar que mi contacto con Dios se produjera. Ante mi negativa de recibirlos en mi domicilio, me ampliaron un poco más sus creencias sobre la providencia, los caminos correctos y los incorrectos, y me preguntaron qué pensaba sobre lo que ellos me habían dicho. Yo le contesté que no coincidía mucho con el tema de Dios y la obediencia a sus "indicaciones" y les pregunté de dónde eran. "De Estados Unidos, yo soy de Utah y él es de Idaho, somos pastores mormones, enviados de Dios para transmitir su legado". Bingo.

Yo les pedí que me dejaran el libro que me mostraron pero se negaron rotundamente a menos que les dejara mi dirección o mi teléfono. Me preguntaron si tenía familiares en la zona y si les podía pasar la dirección o el teléfono de ellos. Todo en un castellano impecable, adornado por un inevitable acento estadounidense. Amablemente, les dije que no tenía familiares en la zona, por lo menos ninguno que pensara dispuesto a sumarse a la causa que ellos promocionan.

Antes de despedirse, los guys me dejaron una tarjeta con la imagen de Jesus y los 13 "artículos de la fe" de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En el dorso me escribieron los pasos a seguir para mi rezo: 1- Padre Celestial; 2- Te agradezco por...; 3- Te pido por...; 4- En el nombre de Jesucristo, Amen. ¡Jolines!

Tras toda esta plática, que en realidad fue más extensa, con contrapuntos sobre la existencia de Dios y su influencia en el mundo y en el ser humano, ellos siguieron su camino y yo, el mío. Más allá de creencias y religiones, de Dios, de Jesús y la Virgen María, el mundo está lleno de sorpresas. A veces, sólo basta con salir a la esquina para comprobarlo. Doy fe de ello.

4 opniones:

andreita dijo...

Tengo un gran, gran, GRAN problema con esta gente. Me producen ganas de "huir" automaticas.

De partida no m gusta como abordan a la gente, tampoco m gusta el discurso q tienen y menos q menos darme cuenta q lo unico q buscan es un redito economico -porq si, es lo unico q buscan- t hacen todo el cuentito, t lo adornan con su discurso d Fe y luego t quieren intercambiar el librito por platita -ojo, lo q vos puedas (pero si no podes el libro no t lo dejan)-.

No es algo personal contra nadie, simplemente ese modo de intento de imposicion de creencia no m parece, ni en este caso ni en ninguno. Las grandes guerras mundiales empezaron con gente tratando de imponer cosas, porq como bien contas, inisisten hasta q uno se cansa, no respetan el NO y ademas pretenden invadir tu privacidad.

Por suerte, no m hace falta ir a la Iglesia ni leer el evangelio para ser mejor persona... como dice una letra conocida "...rezando dos padres nuestros el asesino no revive a su muerto..."

Un besito Seba.

Sebastián Fernández Castaño dijo...

Viste, Andre! Este mundo da para todo. Es muy raro como al escucharlos uno puede llegar a pensar por un momento que lo que dicen puede llegar a ser cierto, porque lo dicen tan convencidos que hasta te da cosa contradecirlos. Pero lo más llamativo para mí fue que los chicos fueran de EE.UU., eso fue lo que más me impactó.

<b>Martín Estévez</b> dijo...

Padre Celestial, te agradezco por este post de Sebastián, y te pido para que escriba un poco más seguido y para que Racing sume al menos 27 en el Apertura. En el nombre de Jesucristo, Amen. ¡Jolines!

PD: Andreíta, citar a Arjona no está bien visto en la comunidad blogger. Por eso estuvo tan bien que lo hayas hecho.

Sebastián Fernández Castaño dijo...

Martín, seguí rezando. La fe mueve montañas, dicen.