Las noticias que los medios nos proporcionan día a día son espantosas: crímenes, robos, narcotráfico, políticos que mienten descaradamente, el dengue, la gripe porcina, guerras que nunca terminan, gente que quiere arreglar todo con la pena de muerte, aumento de la desocupación y miles de etcéteras más. En el medio de ese panorama nos encontramos con gente totalmente desinteresada por los aconteceres antes mencionados, cuyo único interés es “pasarla bien”: vestir a la moda, emborracharse, drogarse, tener sexo con el primer extraño que se les cruce, los que pueden, comprarse los últimos inventos electrónicos (ipod, iphone, hacerse el face -por facebook-) y así alejarse lo más posible de aquella realidad impía. Es decir, por un lado tenemos aquel despiadado mundo y por otro, una enorme porción de la sociedad que se escapa de él de la manera más vil y decadente.
La suma de todo eso da un resultado apabullante y desesperanzador. Ya sea por la formación que tuvo o por una sensibilidad adquirida vaya uno a saber dónde, uno se preocupa, se pregunta e intenta, sin éxito, responderse por qué el mundo es tan injusto y depravado y por qué hay tanta gente que vive en la inopia total, sin el más mínimo interés en hacer algo por arreglarlo. Luego reflexiona un poco más, observa, lee, escucha, conversa y se da cuenta de que también hay mucha gente que comparte la inquietud y la preocupación; de que hay muchos que hacen un montón de cosas para cambiar la realidad, desde escribir un artículo en un diario o en un blog, hasta juntar ropa para una escuela rural o dar clases en una parroquia de una villa; y de que hay tantos otros que, sin llegar a tener una posición activa ante todo lo que pasa, también se disgustan, se angustian y se indignan ante la realidad que les toca vivir; de que hay muchos a los que le gustaría vivir en un mundo más justo y equitativo, con más amor y solidaridad.
Como destruir es más fácil que construir, el mundo sigue cayéndose a pedazos, como diría un compañero de trabajo que tuve hace un tiempo. El panorama no es alentador: crisis económica, crisis energética, crisis sanitaria, crisis climática y ambiental, y por sobre todas estas y causante de las anteriores, crisis moral. Claro que esto no es nuevo, viene de lejos. “El mundo fue y será una porquería, en el 510 y en el 3000 también”, cantaba Discépolo; cuánta razón tenía. Elijamos el año que elijamos, siempre vamos a encontrar guerras, injusticias, crueldad, muerte. Por eso el pesimismo le gana la pulseada a la esperanza de poder construir un mundo mejor. Sin embargo, el amor por la vida debe triunfar, no en el resultado final, que es incierto y difícil de remontar, sino en el qué hacer diario. Amar la vida, amar las cosas que uno hace e intentar construir un mundo mejor, así sea contra los molinos de viento, es el desafío más grande y más hermoso que nos podemos plantear. Aunque sea para equilibrar un poco este zafarrancho que no deja de ser el maravilloso mundo en el que vivimos. Porque a pesar de todo y de todos, hay un montón de cosas que se pueden hacer para ser mejores cada día.
1 opniones:
Este texto lo titularía "Introducción a la conciencia". ¡Vaya, genio! Me gustó.
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