miércoles 13 de mayo de 2009

La llamada misteriosa

El domingo ya se había ido. Después de ver los resúmenes futboleros, me estaba por ir a dormir cuando, a eso de la 1.30 de la mañana, sonó el teléfono. Estaba un poco lejos del aparato así que me apuré un poco para llegar antes del cuarto ring, momento en el que se activa el contestador automático. El horario de la llamada me generó cierta inquietud ya que nadie llama a esa hora a menos que haya una necesidad imperiosa de comunicar algo.


"Hola", dije. Del otro lado se escuchó una voz de hombre, recia, clara y formal. Primero que nada preguntó si hablaba con el número en cuestión. Le respondí que sí y entonces empezó lo inentendible. "Señor, le habla el Oficial Gómez, del SAME (me dijo algunos detalles más, como su nombre y el número de la seccional pero no los recuerdo). Lo llamo porque hubo un siniestro y las dos personas involucradas han perdido el conocimiento y necesitamos identificarlos lo antes posible. Una de estas personas, antes de desvanecerse, nos dio este número, por eso estamos llamando para ver si usted nos puede ayudar". Así arremetió el "oficial". Yo escuchaba atento, no entendía mucho y no sabía si creerle o no, aunque me inclinaba más por la segunda opción.


"Sí, bueno. ¿Y yo como puedo ayudarlo?", le pregunté al misterioso interlocutor que me amplió la información. Había habido un robo en la "intersección" de las calles Humahuaca y Gascón y las dos víctimas habían sido despojadas de toda la documentación por lo que no podían ser identificadas. Ambas personas estaban heridas, una de ellas con un balazo en el tórax, y habían sido trasladadas a la sala de terapia intensiva del Hospital Italiano, donde estaban a cargo de una tal Doctora Rojas. "Una de estas dos personas, un masculino de entre 30 y 40 años y un femenino de entre 25 y 35, mencionó el nombre X (que es de un familiar mío, que vive conmigo), lo que no sabemos es si es alguien que vive ahí o qué", se explayó el Oficial, mientras consultaba a un supuesto Sargento sobre el dato del nombre.


"Ajá", le dije yo. "Pero sigo sin entender qué aporte le puedo hacer yo desde acá, no tengo idea de quien se puede tratar", le respondí. El Oficial insistió en que tal vez yo o alguien de mi casa le podía aportar algún dato para avanzar en la investigación. Me dijo que pensara si alguien de mi casa podía ser uno de los involucrados y yo le dije que no, que estábamos todos en mi domicilio. "Todos los que vivimos acá, estamos acá", le contesté.


Ya un poco frustrado, el Oficial insistió para que yo le hiciera algún aporte. Yo le dije que no podía saber quien le podía haber dado mi número y que sentía mucho no poder ayudarlo. Se despidió diciéndome que si me volvían a llamar, que por favor dijera que él ya había llamado. Me dio su nombre y su número de placa y me pidió por favor que si tenía alguna novedad me comunicara de inmediato al 911, porque ya le había pasado antes de haber llamado por un caso similar, que no le creyeran y que después lo retaran a él.


Entre idas y vueltas, explicaciones y repeticiones, la conversación se extendió unos 15 minutos. Evidentemente, el hecho que me querían vender no era real. No hay nadie que yo conozca, por lo menos que me acuerde, que se sepa de memoria el teléfono de mi casa y menos probable es aún que lo vaya a decir "justo antes de desvanecerse". Ahora bien, ¿qué pretendía este individuo? ¿Era un intento de cuento del tío, del estilo, su familiar está mal, venga con dinero para ayudarlo? La conclusión a la que llegué, es que el Oficial Gómez intentaba sacar algún dato más sobre mi casa o mi familia, para usar esa información en el futuro. Sabido es de muchos casos de falsos secuestros en los que se pide rescate por alguien que suspuestamente está secuestrado pero en realidad no lo está. Este no parecía ser el caso, por lo menos no me doy cuenta cómo. Tal vez fue un intento infructuoso o una simple pérdida de tiempo de un cráneo aburrido. Difícil de determinar con exactitud. Lo cierto es que en esta Argentina siglo XXI hay que estar atento y mantener la calma para no caer en las garras de los abundantes inescrupulosos que hay por ahí.

2 opniones:

andreita dijo...

INCREIBLE!

La verdad que admiro la calma con la que te manejas, siempre te lo dije.

Creo que en estos casos se intenta jugar con el temor del otro, ahora t toco a vos que, ademas, sos un ser pensante, pero a las vistas estan los miles de casos de "cuentos del tio" que existen y, en los que el comun de la gente cae, por desconocimiento, descuido o ambas cosas.

Ande con cuidado Srito... como te decian de chiquito, "NO HABLE CON DESCONOCIDOS" -y tampoco juntes comida del piso, cochino- ;)

Besos Seba!

=)

Sebastián Fernández Castaño dijo...

Jajaja! :D Andre, me hiciste reir mucho con tu último párrafo. Yo todavía estoy tratando de entender qué es lo que pretendía ese muchacho y aún no lo logro.