lunes 22 de diciembre de 2008

La fe construye catedrales

Santiago de Compostela, mística, elegante y misteriosa


La Catedral de Santiago de Compostela impacta. Es imponente, majestuosa. Desde afuera, se ve una enorme construcción de piedra tallada en detalle, como si fuera una maqueta de colección. Al verla, uno se pregunta cómo pudieron construir semejante edificación en tiempos en que no había grúas ni computadoreas para planificar tamaña obra. También son inverosímiles los motivos que llevaron a los habitantes de Compostela a construirla, hechos nunca confirmados vinculados al Apóstol Santiago y su sepultura.

La Catedral, ubicada en la Plaza del Obradoiro, es la principal atracción de una ciudad que encanta por su antiguedad y su tradición. Santiago de Compostela es la capital de Galicia y está ubicada a 75 kilómetros al sur de La Coruña, la ciudad más grande de la provincia del mismo nombre.


Con una población de 93.000 habitantes, las principales actividades de la ciudad son el turismo y la vida universitaria, apoyada en la prestigiosa y antigua Universidad de Santiago, con más de 500 años de historia. Fundada en 1495, es una de las instituciones universitarias más importantes y prestigiosas de Europa. A la universidad asisten alrededor de 40.000 estudiantes, entre los campus de Santiago y Lugo, donde la universidad tiene otra sede.


Las calles de la ciudad, sinuosas y estrechas, transmiten historia, tradición. Algunas son pasillos, otras largas corredoiras, es decir calles peatonales. Y la Catedral es el monumento que sintetiza el sentimiento católico de un pueblo, el gallego, que es fiel a esa historia y esa tradición. La historia de la Catedral está íntimamente ligada a la historia del Apóstol Santiago, uno de los 12 discípulos de Jesús. Una historia con pocas certezas pero con mucha fe, como pasa con todos los hechos religiosos.


El Apóstol Santiago (denominado Santiago el Mayor) nació en Betsaida, Galilea, era hijo de Zebedeo y era el hermano mayor de Juan. Su nombre originalmente era Jacob pero através del tiempo mutó hasta convertirse en Santiago. De Jacob pasó a Yago, luego Sant Yago hasta terminar en Santiago. El nombre también tuvo otra deformación que dio origen a los nombres Tiago y Diego.

Luego de la muerte de Jesús, los apóstoles se fueron a predicar, más que nada por Fenicia, Chipre y Antioquía. Sin embargo, algunas versiones indican que el Apóstol Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo hacia Hispania, lo que hoy son Portugal y España. Algunos relatos aseguran que habría llegado hasta La Coruña aunque en realidad no hay ninguna certeza al respecto ya que no hay datos arquológicos que lo corroboren. No hay constancia de la presencia de cristianos en Galicia hasta mediados del Siglo III.
Tras predicar varios años por Hispania, el Apóstol habría vuelto a Jerusalem, donde fue asesinado por orden de Herodes Agripa, rey de Judea, en el año 44. Sin embargo, la leyenda cuenta que los discípulos de Santiago, que había sido degollado, habrían llevado su cuerpo en una embarcación de piedra, costeando el Atlántico, hasta Galicia.
Muchos años después, en el año 813, fue encontrada una tumba en la que había un cuerpo degollado, con la cabeza bajo el brazo. El cadáver fue atribuido al Apóstol Santiago y en su honor, el rey Alfonso ordenó construir una iglesia encima del cementerio donde estaba la sepultura. El templo original fue destruido en una batalla contra los árabes y la figura del Apóstol Santiago se agigantó aún más cuando en otra batalla, en plena reconquista, los cruzados, que estaban en amplia inferioridad numérica, salieron victoriosos gracias a la aparición divina del apóstol, que sobre su caballo blanco y espada en mano, ajustició a un gran número de moros.
A partir de 1075 se empezó a construir la catedral que hoy yace en la Plaza del Obradoiro y que se concluyó hacia 1128. Un monumento imponente y faraónico construido en homenaje a un hombre que supuestamente predicó en La Coruña y cuyo cuerpo supuestamente estaba sepultado donde hoy se erige la catedral. Y que, según cuentan, bajó de los cielos para matar a los infieles musulmanes. Esa es la leyenda, ese es el mito.
Lo cierto es que a partir de esa leyenda y esa creencia, que a su vez deriva de la historia de Jesús, tanto o más mítica que ésta, se construyó tamaña catedral, icono del catolicismo y fuente inspiradora de fiestas y ceremonias, como el famoso camino de Santiago, cuyas rutas recorren cientos de miles de peregrinos todos los años y cuyo destino final es la catedral. Al fin de cuentas, lo que importa no son las verdades sino las costumbres y las creencias. La fe no sólo construye catedrales, sino también un mundo y una forma de vivir.